Los Padres Josefinos: Pastores para la grey del Napo

Los Padres Josefinos de Murialdo y las Madres Doroteas del Farina fueron los llamados a asumir aquel exigente compromiso, el mismo que los llevaría a encabezar la ardua tarea de difundir el Evangelio y promover la cultura entre los nativos del Oriente ecuatoriano.
Esta Congregación Religiosa se originó en Turín, Italia, bajo el impulso carismático de Leonardo Murialdo, elevado al honor de los altares por el Papa Paulo VI el 3 de Mayo de 1970.
“Hacer y callar” fue su lema. Realidad que, desde un inicio, ha reflejado cuán positivo, constructivo y, sobre todo, cuán humilde haya sido el trascurso de su vida. Novedad de obras y no otra, es lo que siempre se encontró en su vida. La acción y el dinamismo caracterizaron su obrar. Impulsado desde dentro por su espíritu, llamado desde afuera hacia nuevas experiencias de caridad, este sacerdote ideal se lanzó a buscar la solución a los problemas sociales contemporáneos. Se anticipó a la Doctrina Social de Iglesia que en la persona del Pontífice León XIII emanó la primera Carta Magna sobre el trabajo, sus problemas y sus soluciones.
La pasión por la justicia social nació en el espíritu de Leonardo Murialdo como consecuencia clara de su identificación con Cristo. En su Maestro y Modelo descubrió caridad y humildad, virtudes que un día constituirían la característica de la Congregación a la cual él mismo daría vida e impulso.
Desde sus primeras empresas apostólicas reflejó una cierta preferencia hacia los problemas sociales, religiosos y morales de las clases populares.
En 1866 aceptó el Rectorado de la obra “ Pequeños artesanos de Turín”. Inició así su inserción personal, gradualmente siempre mas exclusiva, en la obra educativa de aquella asociación de caridad, surgida a favor de la juventud pobre.
En 1873, como respuesta a lo que mas necesitaban las circunstancias históricas de la época, fundó una nueva Familia Religiosa de educadores: Los Padres Josefinos de Murialdo.
La intensa vida de San Leonardo Murialdo fue algo extraordinario por la multiplicidad de obras a las que se dedicó, desde la fundación de una nueva congregación a las actividades sociales de la prensa, de los Congresos Eucarísticos, los Sindicatos obreros, a la modesta y sacrificada vida de un verdadero Padre para con sus “huérfanos y abandonados”. Veinticinco fueron las obras de asistencia fundadas por el propio Leonardo Murialdo durante su vida, luego dejó su espíritu y su herencia a sus hijos, los Padres Josefinos, quienes en breves años multiplicaron sus obras en África, Brasil, Ecuador, Chile, Argéntica, Estados Unidos, España, Colombia, México e India. (O)
