Los huacheños en la función judicial No. 2

Hace necesario denotar que ya entrada la era “tecnología” de aquel tiempo, también se convirtieron en hábiles mecanógrafos reconocidos por su destreza y rapidez, en el manejo de las novedosas máquinas de escribir, artículo indispensable en las oficinas públicas y privadas, que marcó la diferencia, hasta la época de su transición al ordenador y la impresora.
Como no recordar también a Don Julio César Cárdenas Vargas, que también tras una larga trayectoria al servicio de la Función Judicial, en la denominada Segunda Sala de la Corte Superior de Justicia de Tungurahua, terminó también acogiéndose a la jubilación, al igual que su hermano Don Luis Adán, no sería lo mismo, si en este relato no se hablaría del propiamente dicho “quishca” Segundo Juan Cárdenas Vargas, que desde su trinchera particular, atendió todas las consultas privadas y codiciado por los profesionales del derecho, que siempre anhelaron contar con sus servicios y entre sus disputas sirvió a algunos de ellos, es menester, claro está y sin duda alguna, recordar a Don Alonso Pazmiño (el arroz seco) , cuya heredad aún se mantiene con su hijo el Dr. Kléver Alonso Pazmiño Vargas, Juez de la Unidad Judicial de Tránsito de Ambato jubilado, asimismo por más de tres décadas al servicio de la administración de justicia y Docente Universitario, como no acordarse de Don Alfredo Abelardo Vargas, dueño de su propia particularidad que con su talento dejó estelas a su paso por el servicio de la administración de justicia, en este sentido, de quien quizá pocos o nadie lo recuerda, que también tuvo su paso por el servicio de justicia y talvez ni siquiera conocen y que se había adelantado a su generación, por esas cosas del destino. Don Antonio Vargas ( el Charrango) que también hizo su propia historia.
Don Hugo Pazmiño, desde la Segunda Sala de la Corte Superior de Justicia de Tungurahua, con Don Julio César Cárdenas, hombres entregados personas que particularmente como lo dejó señalado por su escritura cultivada en las aulas y en sus hogares, sin cuestionamientos de por medio, por su don de gentes, como nuestro monumento viviente, don Saúl Humberto Cáceres Cárdenas (el Saúl Hache o Saulache), digno monumento de vida, que hoy por hoy está entre nosotros, un referente de vida y servicio que quizá puede descubrir mejor este ensayo, con detalles, se ha hablado de escritura, caligrafía y ortografía, porque esa particularidad que quizás hoy por hoy es destendida, ignorada y hasta cierto punto menospreciada, les llevó a los nuestros como cultores de las letras, a presentar el servicio a la comunidad con los estándares que lo hicieron, como ya se dijo, a toda prueba, los mejores escritores no tienen palabras para definir si es mejor escribir con bellas palabras o tener en cuenta que las bellas palabras se imprimen con bellas letras, que con esta ocasión se les ha hecho llega.
Y es que el apego, la condescendencia y la heredad conducen a continuar (no se tome como continuismo mal logrado, sino de afán); quizá se reduce a muchas o pocas cosas, pero en esencia es lo mejor, los mejores calígrafos estuvieron en Huachi Chico, nuestra heredad se conserva, ahí está el “chico Galo” o el “desayuno” como cariñosa y popularmente se le conoce a Galo Vargas, El Dr. Marcelo Ramiro Cárdenas Gavilanes y quien de alguna manera ha permitido compartir y colaborar con esta remembranza modesta, pero sinceramente, Marco Edmundo Cárdenas Gavilanes, que cerca de tres décadas sigue sirviendo a la noble administración de justicia, huacheños de siempre, por siempre y hasta siempre. (O)
