“ Tengo preparado el banquete ” / P. Hugo Cisneros

Columnistas, Opinión


 Tengo preparado el banquete 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados:
“Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.
Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego dijo a sus criados:
“La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:
“Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores:
“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

La liturgia de la Palabra, con tono alegre y festivo, nos invita a vivir la experiencia personal y comunitaria que tiene lugar cuando llevamos a cabo lo que el Padre del cielo prepara para toda la humanidad, dado que la invitación, en principio dirigida a los “invitados”, se extiende en realidad “a todo el mundo”, incluyendo a “buenos y malos”.

De esta manera es posible explicitar lo que todos sabemos muy bien, es decir, que la invitación que el Señor dirige a todo el mundo, tras el «niégate a ti mismo», pasa por «tomar la cruz» para así poder ser compañero de viaje del mismo Jesucristo. Considerando la página del Evangelio descubrimos que el viaje que nos ve «compañeros» de Jesucristo, siguiendo sus pasos, nos conduce a todos, buenos y malos, hacia el banquete del reino celestial, del que nos hablan claramente la página del Evangelio y, en perspectiva de futuro, también la primera lectura, que afirma que «el Señor del universo preparará para todos los pueblos un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados».

Tengamos en cuenta los pasos que se requieren para llegar al banquete del reino de los cielos. Notemos en primer lugar que la iniciativa no es cosa nuestra sino que proviene de Dios, que es quien anuncia el banquete, el mismo que invita a todos a participar en él. Ante tal invitación ninguna persona debiera sentirse excluida, pues la invitación es incondicional, para “buenos y malos”, es decir, para todos.

En el tiempo que nos toca vivir hemos de echar mano tanto de la fe como de la caridad, aunando en nuestra vida personal estas dos dimensiones, que son las que nos relacionan decisivamente tanto con Dios-Trinidad como con nuestro prójimo, de manera que todos seamos capaces de vivir la experiencia del «banquete de bodas», al que el Padre del cielo nos invita para celebrar la presencia salvadora de su Hijo Jesucristo, presente realmente en la Eucaristía. (O)

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