Lector inteligente 

Columnistas, Opinión

La inteligencia artificial (IA) en usos cuotidianos, exige al usuario leer textos, mensajes e información del ciberespacio. Se considera que esta lectura convierte el proceso lector en interactivo y personalizado; manifestando que facilita la comprensión por la facilidad de deducción de textos. Estas herramientas lectoras, ingresaron al mundo digital con los teléfonos inteligentes y laptops de última generación con IA integrada y con el propósito de favorecer en la síntesis de textos largos, extrayendo las ideas clave al navegar por documentos extensos con rapidez. 

Es cierto que las plataformas de IA ayudan en la actividad lectora a los estudiantes; individualiza el aprendizaje con tutoría virtual y retroalimentación táctil. Esta herramienta actúa como socio cognitivo diverso; obliga a dialogar con los documentos para obtener resúmenes que se comparten en redes. Aquí es importante destacar el rol del docente para resolver problemas de comprensión textual o de metacognición lectora, por lo que la IA, no suple al docente, sino que lo empodera en situaciones complejas de auxilio lector. Los avances de la IA, en la educación no se pueden detener, pero debe quedar en claro, que la lectura con IA, es un apoyo con supervisión del docente y no como un sustituto del hábito de leer.

No todo lo que la IA entrega al proceso lector es positivo. Depender de resúmenes generados por la IA, limita el desarrollo cognitivo, muy necesarios para la comprensión, el pensamiento crítico y la escritura de ideas propias. Usar la IA para leer o resumir, fomenta la pereza intelectual, debilitando la capacidad de autogestión lectora. El lector inteligente, considera la lectura como proceso de interacción humana; puesto que, al leer se generan situaciones de empatía y de diálogo con los personajes, aspecto que repercute en el desarrollo socioemocional. La presencia del adulto, docente o padre, es importante porque con la IA, se generan informaciones falsas, que orillan al estudiante a aprender conceptos erróneos; la convicción implícita, elimina la habilidad de verificar la fuente de la información.

El lector inteligente, extrae los aprendizajes insertos en la lectura, con estrategias didácticas y la IA es una herramienta más; y no como la verdad de todas las cosas. Aprender cuestionando y recurrir al apoyo educativo para corregir errores en la pronunciación; deducir el tono emocional de la lectura con frases, palabras; son situaciones que indican la intención lectora; lo que no se puede hacer con aspectos creados con IA, derivadas de la ficción, la interpretación errónea o con evidente falta de diálogo lector. 

La era digital, trae como texto, información abundante y abrumadora. Muchos consideran que lo digital es mejor; por velocidad en la accesibilidad. Los libros de texto, también son fuentes valiosas, pero que requieren de tiempo para su revisión. Lo cierto es que la lectura sigue siendo una habilidad esencial para comprender y navegar por el mundo moderno. Especialistas del área lingüística, (Darlington, 2021) plantean que aún es muy prematuro para saber si la incursión de la IA en la educación escolar, específicamente en la lectura y comprensión de textos será un proceso afortunado o desafortunado. (O)

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