La semana mundial del agua 2018 / Ing. Patricio Chambers M.

Columnistas, Opinión

 

Del 26 al 31 de agosto de este año, se celebró la Semana Mundial del Agua en la que líderes mundiales, expertos en agua, profesionales especializados y delegados de los distintos países discutieron en Estocolmo, algunos puntos fundamentales relacionados con el líquido elemento.

La preocupación generalizada alrededor del creciente impacto de los fenómenos como inundaciones, incendios y sequías sin precedentes, constituyen una llamada de atención sobre los retos que impone el cambio climático, el crecimiento de la población y de la economía, al igual que a cada vez más patrones impredecibles del clima y agua.

De ahí que el lema de estas Jornadas fuera: “Agua, ecosistemas y desarrollo humano”, pues gran parte del mundo ya experimenta lo que podríamos llamar un estrés hídrico.

Lamentablemente el 2018 será recordado como el año de inundaciones con una violencia sin precedentes, como las que han azotado Laos, India o Tailandia, en los últimos meses; pero también incendios arrasadores, como el reciente caso de Suecia al norte de Europa cuya ola de calor y escasas precipitaciones provocaron incendios incluso en el Círculo Polar Ártico; así como las grandes sequías en Senegal, que amenazan con dejar a 245.000 personas sin comida.

Son señales muy claras de alerta acerca de los desafíos del cambio climático, el crecimiento económico y demográfico y los patrones cada vez más impredecibles del clima y del agua, imponen una seguridad hídrica global.

Los expertos hablan de que en la actualidad 3.600 millones de personas en todo el mundo, es decir la mitad de la población mundial, ya están viviendo en áreas con potencial escasez de agua al menos un mes al año, y podrían aumentar a entre 4.800 y 5.700 millones de personas en 2050, según estimaciones de Naciones Unidas.

En fin, estos acontecimientos relacionados con el clima también subrayan el papel crítico que los ecosistemas desempeñan en el bienestar humano y la existencia. De ahí que debemos caminar hacia soluciones basadas en la naturaleza como herramientas eficaces para el desarrollo humano.

Un buen paso constituye los novedosos procesos basados en microrganismos, cuya aplicación ha revolucionado el tratamiento de aguas residuales.

De igual modo, los esfuerzos realizados en distintas latitudes para alcanzar una agricultura más amigable con el medio ambiente, con producciones que sin dejar de ser rentables respetan a la naturaleza, dan sostenibilidad de los ecosistemas vitales.

Pero nada de esto será posible si el ser humano no rehace su vínculo esencial con la naturaleza, pues es clara que tal como lo señala el filósofo Jorge A. Livraga «Hace falta volver a nuestras propias raíces, a las cosas tal cual son. Nos hace falta salir un poco de la mentalidad consumista de las líneas de montaje. Nos hace falta volver a hacer las cosas con las manos, sentir de nuevo la piedra y la madera, y sentir otra vez el agua sobre la piel. Nos hace falta volver a la Naturaleza, y hacerlo de una forma real.» (O)

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