La pareja

Columnistas, Opinión

Elegir una pareja es una decisión que tiene efectos importantes en nuestro bienestar psicológico y físico, de manera temporal o de por vida. 

“Elegir bien” no significa encontrar a una persona perfecta, evitar conflictos o escoger a alguien que cumpla con las expectativas de nuestra familia, amigos o entorno social.

La aprobación externa puede ser importante y en ocasiones ofrecernos una perspectiva diferente sobre nuestra relación. Pero más allá de si nuestra pareja les agrada a los demás, es necesario observar cómo nos sentimos con ella y cómo evoluciona el vínculo que estamos construyendo.

Una relación saludable no es aquella en la que nunca existen discusiones. El conflicto interpersonal es natural cuando dos personas con historias, necesidades, valores y formas de pensar diferentes construyen un proyecto en común. Lo relevante es la manera en que esos desacuerdos son gestionados.

Por eso, resulta importante observar la capacidad de ambos para expresar necesidades, establecer y respetar límites, negociar arreglos y regular sus emociones durante un desacuerdo. Sentir enojo o frustración es válido; utilizar insultos, humillaciones, amenazas, gritos u otras conductas de control para gestionar esas emociones no resuelven conflictos, al contrario, los profundizan.

La forma en que una persona responde, contribuye a disminuir o intensificar la reacción emocional de la otra. Por ello, saber detener una discusión que está escalando, recuperar la calma y posteriormente retomar el diálogo, es tan importante como aquello que se está discutiendo.

Cuando la tensión, la hostilidad y los conflictos destructivos se mantienen en el tiempo, el estrés no se experimenta únicamente a nivel emocional, el organismo también responde activando sistemas relacionados con el cortisol, la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la respuesta inmunológica. Esto no significa que una discusión nos enferme, pero vivir bajo estrés constante si contribuye al desgaste físico y psicológico.

En otras palabras, el cuerpo también reacciona a la relación que elegimos.

Por eso y más, elegir pareja implica mirar más allá de la ilusión, necesidad y el enamoramiento. También precisa preguntarnos: ¿puedo expresar lo que siento y necesito? ¿mis límites son respetados? ¿podemos hablar de temas difíciles? ¿somos capaces de negociar? ¿cómo nos tratamos cuando estamos enojados? ¿podemos reconocer nuestros errores y reparar después de un conflicto?

No se trata de encontrar una relación sin problemas. Se trata de construir un vínculo en el que el afecto pueda coexistir con respeto, reciprocidad, autonomía, compromiso y seguridad emocional. (O)

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