La Muerte / Mirian Delgado Palma

Columnistas, Opinión

Hablar de la muerte es un tema muy polémico, ya que la concepción que cada persona tiene sobre ella está respaldada bajo dogmas y religiones; de manera que se vuelve un tema subjetivó porque cada individuo aborda desde su perspectiva, que desde luego es muy respetable. Pero no podemos librarnos de ese denominador común llamado “miedo a lo desconocido” que todos los seres humanos sentimos cuando se trata del fin de la vida. Referirse a la muerte no es nada agradable para la mayoría de las personas, nos agita el corazón, se apodera de nuestro ser la nostalgia en pensar que dejaríamos a nuestros seres queridos, pero esta separación resulta ser temporal porque absolutamente todos los mortales tenemos que enfrentarnos a ella, según la voluntad de nuestro Creador. La vida y la muerte nos deja la sensación de principio y fin de la vida. Por tanto, resulta imposible hablar de la vida sin que se visualice la muerte, o viceversa. La muerte se nos presenta como lo más real que aguarda nuestra vida en el tiempo. La muerte es una realidad innegable que tiene que llegar en el momento y circunstancia que se presente.

Esta realidad de tener que morir nos inhibe, guardamos absoluto silencio; no hay ninguna aproximación de haber experimentado la ruta seguida en el viaje de la muerte. Lo que si estamos conscientes para los que somos cristianos es que la muerte es un mandato Divino. La Biblia habla de la muerte como un sueño, se refiere a resurrecciones, el alma y el espíritu en la muerte, y la inmortalidad. Juan 11: 11-14. Este fin de la etapa de la vida, o que la vida material se termina nos identifica con Jesucristo que resucitó de la muerte, de modo que la muerte no es otra cosa que la puerta de entrada a la vida eterna. Jesús dijo: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá. Aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. Juan 11:25-26 La vida es un misterio, como un misterio es la muerte. Lo que importa o cuenta es saber vivir el aquí y el ahora, porque con toda seguridad nadie sabe lo que pasará mañana. Lo que hoy somos eso sabemos; lo que seremos mañana no lo sabemos. Hemos nacido y con toda seguridad vendrá la muerte, lo que desconocemos es el día y la hora que esto sucederá. La verdadera vida comienza donde termina la muerte. Es cierto que biológicamente la muerte del hombre no constituye sino un fenómeno natural. Pero la vida espiritual es aquella que le prepara al hombre para su nuevo renacer ante la presencia de Dios. Si supiéramos vivir no tendríamos miedo a la muerte.

La vida hay que vivirla en su plenitud: sentirla, respetarla, compartirla, acariciarla pensarla y lo más importante espiritualizarla para la inmortalidad. Si no sentimos la vida del espíritu, la vida no tiene sentido, es una vida vacía llena de materia y sin ninguna esperanza de transitar hacia la vida eterna. Para todas las familias que han perdido a sus seres queridos, espero que sea un aliciente para sus atribulados corazones, el aforismo de Isabel Allende, que dice: “La muerte no existe, la gente solo muere cuando lo olvidan; si puedes recordarme siempre estaré contigo”. (O)

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