La magia en el antigua Egipto / Ing. Patricio Chambers M.

Columnistas, Opinión

 

En una conferencia que se dictó esta semana en la ciudad de Ibarra, se habló sobre la magia en el antiguo Egipto, título bastante sugestivo y que despertó más de una inquietud por saber a qué se refería el tema del evento.

Un primer aspecto fue recalcar que cuando hablamos de ese Egipto, no nos referimos al país actual, sino a una gran civilización que estuvo presente desde tiempos inmemoriales y que desapareció definitivamente alrededor del siglo IV de nuestra era.

Sin embargo, su conocimiento y sabiduría todavía perdura constituyendo un referente en especial en cuanto a lo humano se refiere. Por ello la magia a la que se refirieron en la reunión es más bien la magia de la vida, del amor y de la naturaleza, algo tan propio del ser humano como del universo mismo.

Fue interesante ver la diferencia que hiciera en su momento el filósofo Jorge A. Livraga, cuando decía que generalmente entendemos como algo mágico el sacar del sombrero conejos o palomas, pero eso no es magia realmente pues ella está más allá.

Desde siempre se la comprendió como el conjunto de todos los conocimientos humanos, de aquello que el hombre podía concebir e imaginar. Por ello, la palabra magia viene de Magna Ciencia, una ciencia profunda que ha podido revitalizarse muchas veces a través de los siglos y que en el caso de Egipto estuvo muy emparentada con su arte, con su religión, así como con todas sus manifestaciones culturales y civilizatorias.

De ahí que quienes se llamaban “magos” eran en realidad sabios iniciados cuyo conocimiento de la realidad era profundo porque iban hacia la esencia de las cosas y no se quedaban sólo en su apariencia.

Pero ¿qué proponía esta magia y qué se proponían los magos en general?, pues ni más ni menos que comprimir la dimensión tiempo, aquella medida o una dimensión como lo es el espacio mismo.

La razón por la cual se proponían hacerlo era que nosotros como seres humanos tenemos que adquirir un cúmulo de experiencias determinado, también de conocimientos, de transformaciones; ese número de transformaciones se da de manera natural en todos los individuos, pero a través de la magia se podría comprimir ese tiempo haciendo que en pocos años se pudiese hacer lo que se hubiese necesitado quizás siglos de aprendizaje.

El sistema era básicamente a través de pruebas, de enseñanzas, y sobre todo mediante realizaciones dentro de sí, es decir, no conocimientos intelectuales sino más bien vivenciales. Enseñanzas en las cuales nosotros no somos observadores de lo que pasa, sino actores, donde estamos construyendo donde cada uno es una piedra de esa gran construcción.

En el antiguo Egipto era fundamental por ejemplo aprender a dominar las pasiones humanas, las cuales son el reflejo del entorno, del mundo circundante y que a medida que vamos dominándolas vamos adquiriendo fuerza de voluntad, dominio sobre el mundo circundante; entonces podemos modificar el entorno y mejorarlo. (O)

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