La huella familiar de Diana Salazar: Tío Sixto

Columnistas, Opinión

La historia de Diana Salazar Méndez ex fiscal general de la Nación, suele contarse a través de la estridencia de los grandes casos que marcaron un antes y un después en la justicia ecuatoriana. Sin embargo, más allá de los estrados, late una dimensión profundamente humana marcada por la tenacidad, la perseverancia y la superación de barreras estructurales como el racismo y la discriminación. En este tránsito complejo, el protagonismo familiar se alza como el verdadero motor que impulsa a salir de la desesperanza, narrado en su libro “DIANA más allá de la fiscal”.

Para las familias afroimbabureñas que hemos migrado en busca de nuevos horizontes, el camino ha exigido dar el doble y soportar incontables humillaciones para abrirse espacio en una sociedad que arrastra las secuelas de la esclavitud. En medio de esa lucha, surgen figuras invaluables como el de Sixto Méndez tío de Diana. Su vida misma fue una lección constante de superación: fue seleccionado de baloncesto junto a su hermano Arturo, demostrando que la disciplina deportiva podía ir de la mano con la excelencia académica que lo llevó a graduarse como ingeniero.

Cuando el tío Sixto se paseaba por todo el país exhibiendo su talento en las canchas de básquet y consolidándose como un profesional respetado, su ejemplo resonaba más allá del ámbito familiar. En esos mismos años, siendo yo adolescente, me preparaba para dar los primeros pasos en su propia migración, buscando oportunidades de visibilización a través del deporte, bregando simultáneamente entre el trabajo, los entrenamientos de atletismo y los estudios, en esos tiempos conseguir una comida diaria era un milagro de subsistencia y caminar dos horas diarias para llegar al colegio y la universidad.

Aquellos viajes y hazañas deportivos de Sixto representando a la provincia de Imbabura conectaban directamente con los afanes de una juventud que veía en el esfuerzo físico y mental una vía de emancipación. El tío Sixto asumió con entereza el rol de padre y guía ante la ausencia paterna, protegiendo los pasos de Diana frente al acoso, orientándola en el laberinto jurídico y brindándole seguridad emocional frente a un entorno adverso.

Personajes como él se convierten en los referentes que muchos quieren imular: los cimientos invisibles sobre los cuales se construyen las grandes transformaciones. Su legado, entrelazado con los testimonios de lucha de quienes hemos batallado desde la adolescencia combinando estudio, trabajo y deporte, nos recuerda que la esperanza es una conquista colectiva sostenida por el amor, la memoria y la guía inquebrantable de quienes nos sostienen cuando el mundo intenta quebrarnos. (O)

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