La hormona del vínculo

En semanas anteriores hemos estado comentando la capital importancia para nuestra salud que es el tener el conocimiento de cómo funciona nuestra química cerebral. No es posible que podamos vivir con salud si desconocemos lo básico nuestro cerebro, tengamos la profesión o el desempeño laboral que tengamos, pero este conocimiento nos atañe a todos por el hecho de ser seres humanos con intelecto, capacidad de análisis, discernimiento, reflexión, intuición, pensamiento, memoria, atención, lenguaje, percepción. Mientras ignoremos a esta información seguiremos siendo empleados subordinados al cerebro emocional descarriado, pues éstos químicos pueden actuar a nuestro favor o nos pueden destruir si no sabemos cómo manejarlos o qué hacer para aprovecharlos y que seamos los gobernadores de nuestro cerebro y su química funcional.
Hemos hablado ya de cinco químicos, ahora hablemos de un sexto que es la oxitocina Conocida como la hormona del vínculo, de la confianza, de la conexión. Los hombres más fuertes de la historia entendieron algo que muchos ignoramos y es que ningún hombre conquista nada solo. Nadie logra grandezas sin conexiones genuinas. La oxitocina se libera durante momentos de conexión profunda, abrazos prolongados, conversaciones significativas, actos de servicio, tiempo de calidad con las personas que amamos. Y aquí está lo fascinante, la oxitocina no solo nos hace sentir bien, sino también reduce el estrés, baja el cortisol, mejora nuestro sistema inmune, aumenta nuestra capacidad de confiar y cooperar. Es decir que la oxitocina nos hace más fuertes, sin confundir claro la independencia con el aislamiento. Pedir ayuda no es debilidad. Mostrar vulnerabilidad no es ser menos hombre.
¿Cómo activamos la oxitocina y construimos vínculos genuinos? Con el contacto físico consciente, un abrazo de 10 segundos libera oxitocina significativa. Abrazar a nuestra pareja, a nuestros hijos, a nuestros padres. No esos abrazos falsos e incómodos de medio segundo. Abrazos reales, contacto real. También nos ayuda las conversaciones profundas, en persona, mirando a los ojos, preguntando preguntas reales.
Una conversación profunda de 30 minutos libera más oxitocina que 30 horas de interacción superficial. La modernidad y la tecnología ha formado abismos de aislamiento con miles de amigos virtuales, con chats que a veces genera malos entendidos, con imágenes irreales que ocultan la verdadera vida de las personas.
Los actos de servicio sin esperar nada a cambio. Ayudando a alguien, enseñar algo, proteger, proveer. Cuando damos genuinamente, nuestro cerebro libera oxitocina. Es el químico de la generosidad y el propósito.
La oxitocina aumenta cuando estamos en grupos con propósito compartido. Es el químico que nos recuerda que fuimos diseñados para la comunidad, no para el aislamiento. Que nuestra fuerza se multiplica cuando la compartimos con otros. Promovemos su producción recibiendo masajes, caricias, manteniendo contacto visual, riéndonos, meditando y practicando el ejercicio. Así también reducimos el miedo y la ansiedad promoviendo nuestro bienestar. (O)
