La guerra del futuro

Columnistas, Opinión

Eduardo Galeano escribió que quienes están atrapados en medio de una guerra “cuestan menos que la bala que los mata”. Probablemente nunca esto fue tan cierto como hoy, cuando el costo de la guerra ha cambiado de manera tan radical que un dron de apenas unos cientos de dólares puede matar a decenas de personas.

El pasado 20 de septiembre, Ucrania lanzó un ataque con más de 1.000 drones contra territorio ruso, destruyendo, entre otros objetivos, una refinería y otras infraestructuras. En el pasado, una operación semejante habría formado parte de una película de ciencia ficción; sin embargo, los adelantos tecnológicos están cambiando la forma en que se hacen las guerras.

La guerra siempre ha movido inimaginables cantidades de dinero y hoy, en países como Estados Unidos, China y Rusia, una creciente industria armamentística autónoma está desarrollándose. Enormes fábricas comienzan a producir drones y vehículos autónomos capaces de combatir con cada vez menos intervención humana. Con ello, para hacer la guerra se necesitan menos personas y recursos y, al mismo tiempo, se alcanza una capacidad destructiva mucho mayor.

Un ejemplo es Anduril, una empresa estadounidense que desarrolla drones, sistemas autónomos y tecnología militar y que se ha convertido rápidamente en un importante contratista del Gobierno de Estados Unidos. Solo este año consiguió USD 5.000 millones de nuevos inversionistas y alcanzó una valoración de USD 61.000 millones. La enorme cantidad de capital que está llegando a empresas como esta muestra que existe mucho dinero apostando por la autonomía y la inteligencia artificial como pieza clave en las guerras del futuro.

Pero quizás el cambio que más terror produce es que toda esta capacidad armamentística autónoma podría llegar a no ser manejada directamente por personas. Durante la reciente guerra con Irán, el Pentágono ya utilizó sistemas de inteligencia artificial para identificar y priorizar blancos y ayudar a escoger las armas utilizadas en los ataques. Anthropic, empresa de IA, ha reconocido que estas tecnologías se utilizaron ya en tareas de inteligencia, planificación y operaciones militares, y que estas aplicaciones apenas están comenzando a desarrollarse.

La lucha entre la guerra y la paz, entre la barbarie y la convivencia, se desequilibra cuando la tecnología proporciona herramientas con una capacidad de destrucción y de deshumanización cada vez mayor. ¿Qué futuro le espera al mundo, a la humanidad y, especialmente, a los más débiles, cuando los poderosos tienen armas cada vez más desarrolladas que les permiten imponer su voluntad?

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