La base de Manta / Fausto A. Díaz López

Columnistas, Opinión

 

En 1998 el entonces presidente de la República Jamil Mahuad, firmó un convenio con el gobierno estadounidense, mediante el cual, los norteamericanos accedían al control de las instalaciones aéreas militares de la Fuerza Aérea Ecuatoriana en Manta, conocida como la Base Eloy Alfaro. Este enclave, que fue ocupado por militares de ese país durante 10 años, tuvo como objetivo ejercer el control del narcotráfico y combatir a las bandas de facinerosos que organizadas con armamentos y equipos de alta tecnología y unido a las guerrillas que supuestamente combatían el sistema político implantado en sus naciones, tenían en jaque; al ejército y a las poblaciones situadas en el subcontinente.

Para que las instalaciones de la Base de Manta se vuelvan eficientes; “el gobierno norteamericano realizó importantes adecuaciones físicas: amplió la pista para que soporte aviones de transporte militar e instaló sofisticados equipos electrónicos”. Varios analistas consideran que la estadía de los soldados en Manabí “trajo reactivación económica a la provincia, así como relaciones sociales y afectivas y sobre todo, la presencia de ese contingente que transmitía seguridad y confianza a los pobladores que allí residían”.

La reacción en contra de este enclave fue comandada por ideólogos de izquierda, quienes veían en este entendimiento, una: “flagrante violación a la soberanía nacional”. Para Mario Pazmiño que se desempeñó como Director de Inteligencia del Ejército en esa época, el rechazo y el combate que se lideró en contra de este emplazamiento “fue una propuesta instaurada desde el Foro de Sao Paulo (fundado en la década de los 90 por partidos de izquierda) que posteriormente fue replicada tanto por las FARC como por la Coordinadora Continental Bolivariana, como un proyecto internacional de estas fuerzas irregulares.

El cuestionamiento al convenio de utilización de la Base de Manta, se convirtió en uno de los principales argumentos que esgrimió el expresidente Rafael Correa, en su campaña para llegar a la presidencia de la República. Una vez en el poder, anunció la terminación del convenio y la “prohibición de bases extranjeras en territorio nacional”. La conveniencia del retiro de las fuerzas militares de la Base de Manta, ha sido analizada desde el punto de vista ideológico y no desde el aspecto de la protección y seguridad que prestaba. Ahora el país está sufriendo una escalada terrorista, que deja un reguero de sangre de militares y civiles, que son vilmente asesinados por grupos de narcotraficantes que se han replegado hacia Ecuador, luego de que el grupo terrorista de las FARC entregara las armas. Los pobladores de San Lorenzo, Borbón, Mataje, El Pan, Alto Tambo, viven en continua tensión. El enemigo que les ataca es invisible, no tiene rostro y nuestro país, no tiene los medios modernos para frenar las arremetidas de los bandidos. (O)

Ambato, martes 27 de marzo del 2018

 

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