Informalidad imparable

La informalidad en Ambato, es un problema que se expande de forma incontrolable, especialmente en el centro y alrededor de los mercados, donde vendedores ambulantes ocupan veredas y calles, generando caos, inseguridad y obstrucción del paso peatonal.
Días previos al fin de año, se ha desbordado la informalidad, inclusive en la noche, se han tomado la avenida Cevallos. El caos y el desorden está invadiendo de forma sostenida veredas, esquinas, calles, plazas, parques, paradas de buses; lugares de comercio, de diversión y turismo con afectaciones sociales, económicas; adosadas a la sensación de peligro, inseguridad, abandono e indolencia de las autoridades.
Nunca dijeron algo cuando camiones con productos de la costa, se ubicaron desde el redondel de Terremoto y a lo largo de la vía a Baños; ahora es un comercio informal permanente con molestias higiénicas y peligro vehicular. Lo mismo está sucediendo en el redondel de la ex Coca Cola, vía a Quero; poco a poco avanza la informalidad; nada de nada hacen las autoridades para regular este desconcierto mercantil, a pretexto de que todos tienen derecho al trabajo; lo cual es verdad, pero no para generar desorden, hacer y deshacer como les venga en gana y crear ambientes que atraen la delincuencia creciente y avezada.
A vista y paciencia de quienes son los llamados a imponer el orden, los informales circulan en motos para las ventas a domicilio, algunas demasiado ruidosas, se pasan en rojo, van en contravía, sobre las veredas, ingresan a los parques sin respeto a nada ni a nadie. Ambato, es un desorden total, convertido en pueblo, cantina y urinario por todos lados.
En la vía Ambato-Riobamba, “para darle fluidez al tráfico del sur”, se construyó el paso deprimido; en la práctica, no sirvió de mucho, porque se sale hasta un semáforo lento; después, a media cuadra, hay un trancón por la toma de vía a la Antonio Neumane. Se avanza a salir y el caos vehicular originado por autos, camiones, camionetas, volquetas y buses parqueados es tremendo. Hay comercios, talleres, negocios que dependen de vehículos para su tarea, pero no para que permanezcan estacionados en la vía. Entendemos que un negocio debe verse, publicitarse, pero no deben utilizar las aceras y vías para extender, atender o ser parte de su negocio.
Es falta de sentido común; y, sobre todo, no apoyan a la ciudad en su desarrollo, cuando se pintan buses en plena avenida, se parquean motos a las afueras del taller, se extienden sobre la vereda mesas para venta de frutas, chucherías; se coloca propaganda inflable, cartones con zapatos y ropa de promoción, muestras de cielo raso, trozos de escapes, etc.
Esta no es una queja, clamor, llamado de atención, solicitud, pedido, crítica o sátira hacia las autoridades para que pongan atención al encargo popular que les dieron en las urnas. Es una visión de ciudad caótica y dista muchísimo de la que, en otros tiempos, era ejemplo de orden, lo que permitía el armónico desarrollo económico y social que le caracterizaba.
