Incrementan las lluvias / Editorial
El fenómeno de El Niño ha llegado con fuerza al Ecuador. En apenas dos semanas, el número de personas afectadas por las lluvias pasó de dos mil trescientas a más de trece mil, con inundaciones severas en la Costa y poblaciones como Muisne, donde cientos de familias lo han perdido casi todo. Frente a esta emergencia, la solidaridad de los ecuatorianos y la atención oportuna a los damnificados deben ser la primera prioridad, junto con obras de prevención que eviten que cada temporada de lluvias se convierta en tragedia.
Sin embargo, este Niño trae consigo una cruel paradoja. A diferencia del ocurrido entre 1997 y 1998, que llenó de agua la Amazonía, las lluvias se concentran esta vez en la Costa, mientras la vertiente oriental, donde se encuentra más del ochenta por ciento de nuestra capacidad hidroeléctrica, atraviesa un estiaje severo. El embalse de Mazar, que alimenta al complejo Paute, ha descendido más de veinte metros desde agosto y se acerca a su nivel crítico. En otras palabras, llueve mucho, pero no donde se necesita para generar la luz del país.
Tungurahua conoce de cerca esta realidad, pues en sus tierras operan las centrales de Agoyán y San Francisco, que dependen del caudal del Pastaza. Por ello, los ambateños seguimos con atención la evolución de los embalses y confiamos en que las medidas emprendidas para reforzar la generación térmica permitan atravesar estos meses sin apagones. Este Niño nos deja una lección clara: el Ecuador debe diversificar sus fuentes de energía y planificar a largo plazo, para que ni el exceso ni la falta de lluvia vuelvan a poner en riesgo a las familias y a la economía nacional. (O)
