Hojita de capulí en el pincel de Javier Aguilar. 2022 / Pedro Reino Garcés

Columnistas, Opinión

Fue muy emotiva la recepción y atenciones que recibimos de directivos y guía del Museo “Magdalena Dávalos” de Riobamba. Carla Castillo nos introdujo en el mundo mágico de la historia del Museo, que es parte de la historia de la ciudad llamada Sultana de los Andes. Con el escritor Guido Vaca y nuestras compañeras de vida pudimos adentrarnos en la exposición que se abrió “Este jueves 14 de abril en horas de la noche en el Museo de la Ciudad (en que) se realizó la inauguración del IX Salón Nacional de Artes Plásticas “Magdalena Dávalos”, abril 2022, de la misma manera la premiación a los ganadores de este concurso. La actual edición contó con la participación de 85 obras de 80 artistas plásticos a nivel nacional.”. 

GANADORES: PRIMER LUGAR para Paúl Alejandro Calderón. SEGUNDO LUGAR para Juan Javier Aguilar. TERCER LUGAR para Tito Rodríguez Martínez.   MENCIONES DE HONOR: PRIMERA MENCIÓN para Paúl Maximiliano Coronel. SEGUNDA MENCIÓN para Wilson Alexander Ortiz; y TERCERA MENCIÓN para Gabriel Santiago Ortiz. “La exposición estará abierta durante un mes para que la ciudadanía y los amantes del arte y la cultura puedan apreciar de estas obras maestras desde el jueves 14 de abril al 27 de mayo de 2022”. Consta en la información.

La obra de Javier Aguilar, actualmente destinado a promover la pintura en los niños y jóvenes de San Andrés de Píllaro por parte de la CCE de Tungurahua, tiene que ver con una tradición profunda de la cultura tungurahuense, esa de interpretar melodías en hojitas de capulí. Esta experiencia la viví muy cerca cuando en mis andares musicales hasta llegamos a grabar un par de discos con la interpretación de artistas cevallenses: Manuel Martínez y Segundo Ramos que sacaban melodías agudas a las referidas hojas.

Javier Aguilar Vintimilla en su sustento teórico de su obra plástica, nos dice ““La obra Hojita de Capulí, de la serie “Crudo” es un desvestir a las clases populares, y de la misma forma una disección de una sociedad minoritaria… La obra es una personificación del capulí, símbolo de las clases populares. Es un contenedor de condiciones culturales y sociales; es una representación de aquellos que ofrendan incluso sus propias vidas en una caminata que podría resultar hasta nefasta de los sin oportunidad.

Físicamente tenemos una cruz que pone en el centro lo sustancial y al mismo tiempo, como el blanco, al que no urge salvar, acorralado por la representación de lo agresivo que de alguna manera acecha permanente con signos pronunciados de todo tipo de violencia. Resulta interesante profundizar y plasmar esa metáfora de aquellas manos que se infiltran entre las otras manos limpias por la dignidad”.

En mi opinión, poner el arte al servicio de un concepto de reivindicación social, con calidad y profundidad de mensaje debe ser una premisa de estímulo de lo que se quiere con la formación académica. Hay artistas famosos que pintan el “gusto” de las clases de poder a quienes adulan: “Pintan para que les digan está lindo” dice un plástico. Esos son engañados por el entretenimiento y promovidos por el mercantilismo. Los jurados que “califican” no solo las técnicas deben saber que entre el público, hay quienes queremos que el arte, en sociedades como la nuestra, llenas de alienación y promociones a los serviles, se reivindique a los artistas con conciencia social, para que se solidaricen con quienes, como pasa en la literatura, no escriban en calidad de “niñeras” que entretienen a los desocupados en su comodidad de vacío estético, recordando a J. E. Adoum.   

El jurado estuvo integrado por: Jenny Jaramillo – Quito – Artista plástico, visual y docente.- Sandra Mejía Rodríguez– Ibarra – Artista plástico, visual y docente. Y por los plásticos: Rolando Ordoñez Segovia – Cañar-. Fausto Morocho – Riobamba -. Eduardo Baldeón Velasco – Riobamba – Artista plástico  y escultor.

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