Tras el rastro de un fisicoculturista / Jéssica Torres Lescano

Columnistas, Opinión

Con el contexto de salud mundial ocasionado por la pandemia COVID 19 han proliferado páginas de Facebook interactivas como “Ambato ayer y hoy” y una reciente llamada “Fotos antiguas de Ambato 1840 – 1980” con la intención de recopilar fuentes visuales de “lo local”. Bajo esta premisa, nuestra reflexión está encaminada a abordar la historia digital como una alternativa a los archivos históricos tradicionales considerando los límites y posibilidades de la difusión de fuentes en la web en el trabajo histórico. Para hacerlo, nos acercaremos al testimonio de Franklin Salcedo, un fisicoculturista de mediados del siglo XX argumentando que los archivos fotográficos personales divulgados en las páginas web representan una oportunidad para acercarse a la memoria oral de los actores.

Esta fascinante aventura comenzó con la publicación de una imagen en “Fotos antiguas de Ambato 1840 – 1980”. Los integrantes del grupo que inmediatamente reconocieron al personaje le asignaron un nombre al rostro de la foto. Y entre los comentarios estaba el mismísimo “Franklin Salcedo” aportando con fotografías extraídas de su archivo personal. De esta forma, en unos días obtuvimos una entrevista con quien fue uno de los fisicoculturistas más destacados de Ecuador.

Desde México, lugar actual de residencia y con 80 años de edad, nos contó sus motivaciones para dedicarse al fisicoculturismo: “yo como todos los niños, era muy inquieto, me gustaba mucho leer las revistas de Superman, y pensaba quiero ser fuerte y quiero ayudar a los débiles” (Testimonio, 19 de mayo de 2021). Luego de viajar de Ambato a Guayaquil se inscribió en un gimnasio. A los dieciséis años ya luchaba profesionalmente con el nombre de Gladiador, posteriormente vendrían más logros como Mr. Tungurahua (1958), Mr. Interandino (Quito, 1960), Mr. Confraternidad (Riobamba, 1961), segundo lugar Mr. Ecuador (1961), Mr. Ecuador (1962) y Mr. Campeón de Campeones (Quito, 1962).

Diversos actos se sumaron a su repertorio de exhibición de fuerza, entre ellos, soportar el peso de varios hombres que buscaban moverlo sin conseguirlo. Queremos acompañar el relato de Don Franklin con las impresiones de admiración de su público mientras observaban sus actuaciones en la Plaza de Toros, en el Estadio Bellavista o en el desfile de la Fiesta de la Fruta y de las Flores: “le admiraba […] para un niño se convierte en un ídolo, uno anhela ser así de grande” (Comentario, 19 de mayo de 2021).

Con estos valiosos recuerdos -que evocaron las huellas de un fisicoculturista- regresamos a nuestra reflexión inicial sobre los aportes de la web como constructora de comunidades de archivos digitales. Grupos y páginas que bien pueden ser espacios pedagógicos e interactivos de aprendizaje. En este sentido, existe una estrecha relación entre la historia digital y la historia oral. Los proyectos de recopilación digital deben perdurar en el tiempo adquiriendo la relevancia que corresponden conservando la memoria colectiva, democratizando el pasado y evitando en lo posible sea solo un espacio anecdótico y pintoresco.  Finalmente, aprovechamos la oportunidad para invitarle a disfrutar de la entrevista completa en la página de Facebook “Ambato ayer y hoy”. (O)

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