Filibusteros en Guayaquil. 1687 / Pedro Reino

Columnistas, Opinión

 

Un 21 de Abril de 1687 los piratas incursionaron en Guayaquil y la dejaron en ruinas. Este año de 2019 se cumple 332 años de una de las tragedias que ha venido sufriendo la ciudad. Dionisio Alcedo Herrera, (Madrid 1749) daba testimonio en unCompendio Histórico de Guayaquil, sobre sucesos que tienen que ver con los asaltos piratas al Puerto. “Jacobo L’Hermite en 1624 asedió el Callao y tuvo intento fallido de tomar Guayaquil.  El valor ejemplar  del Corregidor José de Castro y de los negros mulatos que lo apoyaron, consiguió hacer huir al francés que había penetrado por la Atarazana y quemado dos bergantines y quemado varias casas.” El relato de Pareja Diez Canseco es más explícito. Los piratas tenían en asedio al Callao por nueve largos meses. Entretanto intentaban captar Guayaquil: “En la Puná incendiaron tres buques españoles, quemaron la iglesia y asesinaron al cura. Luego subieron el río unos 400 hombres bien armados. Guayaquil se defendió bajo el mando del corregidor Diego de Portugal.”

La segunda sucedió en 1687. Los piratas lograron entrar a la ciudad,  ayudados por un negro resentido que quiso vengarse de los maltratos de sus amos. Hay que decir que Guayaquil fue amurallada: “En 1681 se construyó una muralla de cal y canto que circundaba en su totalidad el recinto de la ciudad, en distancia de 500 varas y de altura unas 2 varas y media… su construcción duró 3 años, y en 1684, cuando se acabaron las obras, hizo una entrada el enemigo, siendo rechazado” (María del Pilar Bernal Ruiz, La Toma del Puerto de Guayaquil en 1687, Escuela de Estudios Hispano-americanos de Sevilla, Sevilla, 1979, pdf). En 1687 Guayaquil fue asaltada, saqueada y quemada por ingleses y franceses. El inglés es un tal Jorge D’Hout, y los franceses Picard y Groignet. Del saqueo se llevaron 400 sacos de harina, un millón de pesos en oro y 100 mujeres de las más lindas de Guayaquil (Pareja Diez Canseco).

Revisando otro documento  (María Luisa Laviana Cuetos, La Piratería en el Pacífico según Francisco Requena, Página virtual), nos pone datos curiosos y anecdóticos sobre la creencia popular de lo que eran los corsarios o piratas, que tenían aval de sus gobiernos para realizar los saqueos. Se dice que los guayaquileños creían que los corsarios “eran como unos disformes monos”, y que además eran trogloditas, o sea que vivían en cavernas y comían carne humana. Se cuenta que “llevaba el filibuster Lussan  una mujer, a los vecinos que estaban en(tre los) rehenes del rescate, y con lágrimas le decía con frecuencia por el camino: ‘Señor, por amor de Dios, no me coma, no me coma’”.

Otro aspecto que leo entre notas de esta autora sevillana, es lo que se tenía en el imaginario español sobre estos corsarios, que tenían la llamada “patente de corso” para cometer sus atrocidades. Lo daban los reyes (gobierno) para que los propietarios de los navíos atacaran barcos y poblaciones enemigas (de España). “¿Acaso no son temibles esta especie de corsarios? ¿No son los que tienen menos sentimientos de humanidad? ¿Y no son, estimulados de la codicia los más intrépidos para emprender acciones temerarias? Véase en la Historia de los filibusteros por Oliver o Exmelin la singular ordenanza  que establecieron para partir  con fidelidad estas gentes lo que sacaban de los pueblos que se rescataban  o ponían en contribución”. Los corsarios, filibusteros, trogloditas, piratas, fueron unos desalmados chantajistas de la peor calaña. Miren qué comerciaban con sus víctimas que eran sus rehenes cuando incursionaban a realizar saqueos: se repartían lo robado, quemaban las ciudades y “negociaban” con las víctimas hasta las partes del cuerpo de sus prisioneros:  “quien se dejaba un brazo, mano o pierna, tenía (que pagar de) recompensa quinientos pesos; y quien ambas, mil ochocientos; un solo ojo valía cien pesos, pero los dos se pagaban con dos mil, etc. Estos fueron los que piratearon el siglo pasado (XVII), y los más de los otros armamentos que a ella vinieron fueron hechos y determinados en los puertos de Inglaterra y Holanda y sostenidos con la fuerza de estos Estados”.  (O)

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