Fiesta de San Pedro y San Pablo / P. Hugo Cisneros

Columnistas, Opinión

Debemos alegrarnos mucho hoy día porque tenemos la oportu­nidad de celebrar a nuestra Madre la Iglesia. Hoy día podemos des­cubrir varias clases de cristianos en su manera de tratar a la Iglesia. Hay algunos que simplemente la ignoran, no saben nada de ella, de sus actividades, de su misión, de su historia. Otros la tratan como una madrastra en la que sólo ven sus defectos, sus errores y la echan en cara. «Otros la sienten como una madre que nos ha adoptado» yque por lotanto no tenemos mayores obligaciones con ella. En el peor de los casos, otros la tratan como una rival ya una contrincante a la que siempre hay que contradecirla, hay que discutirla, hay que poner en duda sus opiniones, sus directrices. 

Yo creo que la solemnidad de los Apóstoles Pedro y Pablo, nos motive a que, revisando nuestro comportamiento con esta Madre que nos dio a luz a la vida cristiana y nos hizo nacer en el seno de la familia de Dios (Iglesia), nos decidamos a tratarla como a una madre. 

Creo que debemos entrar en la línea del conocimiento, del amor y de la obediencia a nuestra Madre la Iglesia.

Es hora de que vayamos aceptando que la Iglesia es una realidad que nació en el corazón de Cristo. El relato evangélico de hoy es claro y definitivo: la Iglesia es un querer amoroso de Cristo, la Iglesia por voluntad del Señor nace con una cabeza visible en Pedro y sus suce­sores, se le asegura la asistencia de Dios hasta elfin del mundo y se le confiere determinados poderes sobre la conciencia de los seguidores de Jesús: «Te daré las llaves del Reino,lo que ates, lo que perdones…». 

Qué hermoso descubrir que a esta madre nuestra le adornan ciertas joyas insustituibles y de gran valor: nuestra Madre es una, no hay otra por muy buena que pueda ser. Es una en su fe, ensus verdades, en sus normas de comportamiento, en sus pastores. Es una porque uno es el Espíritu que la anima. Es tal la riqueza de esta joya que se diversifica en la multiplicidad de los servicios. Uno es el Señor, una la cabeza aunque sean varios los servicios en función del cuerpo todo. 

Es santa, por su Fundador, porque engendra santidad y tiene la ca­pacidad de sacar santos del pueblo de Dios. Santa su doctrina, santo el objetivo que persigue. 

Es católica, es decir, que se extiende, en sumisión, a todo el uni­verso. Es el cumplimiento del mandato de Cristo de ir por todo el mundo, haciendo de todas las naciones discípulos del Señor. Es la misión universal que tiene el Evangelio por medio de la Iglesia. 

Es apostólica porque tiene su origen ysu sucesión en los Apóstoles y en el Papa y los Obispos, de tal forma que allí donde está Pedro, allí está la Iglesia y allí donde está la Iglesia, está Cristo.

A esta madre ledebemos un amor especial, no sólo de quererla, sino de luchar para que sea más inmaculada, más perfecta. Nuestro amor tiene que traducirse en el ejercicio de la corresponsabilidad cumpliendo cada uno lo que le toca allí donde vive siendo miembro de la Iglesia. 

Finalmente, debemos entrar en la línea de la obediencia, porque cuando la madre pide, exige, prohibe algo o propone algo, es por nues­tro bien y tiene una asistencia especial del Espíritu, por ello en asuntos de las verdades de fe y de moral la madre nunca se equivocará. (O)

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