Falta de lluvias golpean cultivos 

Ciudad

Tungurahua atraviesa un periodo de temperaturas elevadas desde hace cuatro semanas y eso empieza a dejar huellas en el campo. Las altas temperaturas, la intensa radiación solar y la reducción de las lluvias están afectando a cultivos como maíz, col y lechuga, mientras los agricultores miran con preocupación la disminución de sus cosechas y el incremento de sus costos de producción, sobre todo en el sector ganadero.

El agua para riego se ha convertido en un recurso cada vez más importante para mantener los cultivos, pero las altas temperaturas también incrementan la demanda de humedad de las plantas y aceleran la pérdida de agua del suelo.

“En esta época se nos cae toda la inversión. El agua de regadía no es suficiente para los cultivos. El ganado ya no puede comer el pasto, debido a la seca, por ello se debe comprar balanceado que es más caro”, dijo Elena Martínez, agricultora.

Los primeros efectos se observan en los sembríos. Plantaciones de maíz presentan signos de estrés por la falta de humedad, mientras que hortalizas como la lechuga y cultivos de brócoli también han registrado afectaciones asociadas a las condiciones climáticas. 

Para quienes viven de la agricultura, una planta que no alcanza su desarrollo adecuado representa menos producción y, por tanto, menores ingresos.

La situación preocupa especialmente porque Tungurahua tiene una importante actividad agrícola. De acuerdo con estadísticas del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), entre los principales cultivos de la provincia se encuentran el brócoli, papa y maíz suave choclo. En 2023, Tungurahua registró alrededor de 2.490 hectáreas sembradas de brócoli y 2.284 hectáreas de maíz suave choclo.

Las temperaturas elevadas y la fuerte radiación solar pueden generar estrés en las plantas, alterar sus ciclos de crecimiento y aumentar la necesidad de riego. A esto se suma la irregularidad de las lluvias, que dificulta la planificación de las labores agrícolas.

La provincia mantiene un periodo de estiaje desde julio y septiembre fue identificado como uno de los meses con condiciones secas más intensas. 

Aunque existen reservas para atender las necesidades de consumo humano y riego, las autoridades han advertido que el recurso no es ilimitado. 

“Los cambios en los patrones de lluvia y temperatura están obligando al campo a adaptarse a condiciones cada vez menos predecibles”, dijo Gonzalo Paredes, agricultor patateño.

En un recorrido por la zona Norte de la ciudad, algunos agricultores indicaron que el agua de regadío debe ser bien utilizada para evitar tener desfases o falta del líquido. 

“Aquí tenemos piscinas o pozas de agua que ayuden en casos de emergencia”, dijo Piedad Altamirano, agricultora de Izamba. (I)

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