Experiencias y más experiencias/ Jaime Guevara Sánchez

Columnistas, Opinión



Cada día del calendario ha sido escogido para conmemorar la independencia de los países, la fundación de ciudades, el fin de alguna guerra, descubrimientos científicos. Reconocimientos al valor de la mujer, la madre, el maestro.

Sin embargo, para los marchantes comunes resulta sorpresa conocer que el diez de octubre está destinado a “rechazar la pena de muerte”, cruel castigo que todavía se aplica en varios países del mundo. China, por ejemplo, lo ejecuta con rigurosidad y premura inusitadas.

Pertenezco a la generación que presenció y asimiló los detalles del juicio y la sentencia de pena de muerte de los esposos Julius y Ethel Rosember, La pareja fue condenada por haber entregado secretos de la bomba atómica a Rusia Soviética.

El juicio duro tres años. Hubo varias apelaciones a diferentes cortes. Todas ratificaron la sentencia. Finalmente llegó la solicitud de clemencia a Dwight D, Eisenhower, presidente de los Estados Unidos, pidiéndole que conmutara la pena de muerte por la de prisión perpetua. La solicitud estuvo respaldada por presidentes de varios países; personalidades mundiales como el Papa Pio XII. Eisenhower negó la clemencia. Los Rosemberg fueron ejecutados en la silla eléctrica.

Ubicándonos en el tiempo   presente, el desenfrenado crecimiento poblacional, los corruptos manejos de las finanzas mundiales han creado situaciones intolerantes para toda la humanidad. La clase pobre es inconmensurable. La clase media está debilitándose paulatinamente. Los causantes de la debacle financiera tienen sus fortunas a buen recaudo.

La degeneración de la conducta humana es analizada por la prensa internacional. La delincuencia se encuentra organizada en mafias fuertemente armadas, estructuradas técnicamente. Los grupos armados de México no tienen misericordia con los miserables latinos que se aventuran por el desierto norteamericano.

Los criminales han refinado sus tácticas delictivas: niñas secuestradas para esclavizarlas como prostitutas. Asesinatos por robar una cartera. Todo se resume en desvalorización de la vida humana. Degeneración de gobiernos y sociedades. La televisión transmite la petición de hombres y mujeres martirizados: “Hay que establecer la pena de muerte”.

El economista Jan Timberger dice: “Las guerras no son otra cosa que sentencia de muerte ejecutada por ambiciosos violentos contra otros ambiciosos violentos”

¿Qué podemos hacer los marchantes comunes?…. Seguir haciendo fuerza, dia y noche, por la regeneración de especie humana. (O)

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