EL GRINGO QUE NOS HACE LOS DEBERES / Mario Fernando Barona

Columnistas, Opinión

En colegios y universidades es bastante común el trabajo en grupo cuando el profesor pide analizar, desarrollar y presentar una actividad en conjunto con varios estudiantes. Y es bastante común también que entre sus integrantes haya gente irresponsable a la que poco o nada le importa hacer su parte del deber, por lo que en muchas ocasiones termina haciéndolo todo una sola persona -o unos cuantos en el mejor de los casos-, pero difícilmente aquel aprovechado.

En la vida misma esos ‘trabajos en grupo’ siguen replicándose profesionalmente mucho más de lo que suponemos, tornándose tan indispensables varios de ellos que sería imperdonable e inconcebible reprobar la tarea por negligencia, deshonestidad o egoísmo de alguno de sus miembros, cuando el resto sí trabajó a conciencia. Pero eso es precisamente lo que ocurre tanto en la Asamblea Nacional (AN) como en la justicia ecuatoriana, que, en buen romance, vendrían a ser esos estudiantes frescos y desvergonzados a quienes no les da la gana cumplir con su parte, mientras el pueblo se raja haciendo la suya.

Pero el problema no solo es ese, el caso es que por al menos quince años la AN ha venido legislando en favor de los delincuentes (comunes y enternados) y la justicia cerrando (por acción u omisión) ese círculo vicioso de impunidad. Es decir, no solo no hacen, sino que cuando hacen, lo hacen perversamente. Sí, son de lo peorcito de la clase.

No obstante, la calificación para esa tarea dependerá necesariamente de la presentación de todos los aportes, y claro, el resto de integrantes no tienen por qué pagar las consecuencias de la ineptitud de un par de pelafustanes; por eso, alguien del grupo, un gringo nerd, al ver que estos dos no hacen nada y saberse por tanto injustamente perjudicado, decide solventar en algo esa falta y arreglarla a su manera. Comienza pues, aprehendiendo en la Florida a Pedro Delgado, sentenciado por peculado y primo e íntimo colaborador del expresidente Rafael Correa; continúa, cancelando decenas de visas norteamericanas tanto a jueces, funcionarios judiciales y generales de la Policía Nacional por ser parte de redes de corrupción; igual, retiró la visa americana al expresidente Abdalá Bucaram, a sus hijos Dalo y Jacobo y a varios otros miembros de esa familia por su evidente participación en actos delincuenciales; y ahora último, detuvo en Miami al prófugo Carlos Polit, excontralor de la República por usar el sistema estadounidense para lavar dinero de los sobornos cobrados a Odebrecht, también durante el gobierno de Correa.

Si habría habido justicia a tiempo en todos estos casos, seguramente los Estados Unidos no veía necesaria su intervención, pero dado el descarado patrocinio al crimen aupado por ese par de sátrapas, ha tenido que hacernos los deberes un gringo aplicado.

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