El fracaso de la convención de la RC5

Columnistas, Opinión

La reciente Convención Nacional del movimiento Revolución Ciudadana (RC5), celebrada en Manta los días 17 y 18 de enero de 2026, pretendía ser un punto de inflexión para revitalizar el correísmo en Ecuador. Sin embargo, el evento se convirtió en un rotundo fracaso, marcado por una escasa participación, una dirección impuesta sin competencia y un evidente desánimo entre sus militantes. Lo que debería haber sido una demostración de fuerza política terminó exponiendo las grietas internas de un movimiento que, bajo la sombra de Rafael Correa, lucha por mantener su relevancia en un panorama electoral cada vez más hostil.

Uno de los principales factores de este descalabro fue la existencia de una sola lista para la dirigencia. Gabriela Rivadeneira, designada directamente por Correa desde su exilio en Bélgica, asumió la presidencia sin elecciones internas ni debate real. Esta imposición, presentada como una «renovación», en realidad evidenció la falta de democracia interna en la RC5. Críticos dentro y fuera del partido señalaron que esta decisión unilateral ahogó cualquier posibilidad de pluralidad, recordando cómo figuras disidentes como Marcela Aguiñaga han logrado convocar a miles en eventos independientes, superando con creces la asistencia a esta convención. Sin competencia, la convención se redujo a un acto protocolar, carente de la energía que solía caracterizar al correísmo en sus días de gloria.

La poca afluencia de gente fue otro golpe demoledor. Fuentes reportan que el Coliseo Lorgio Pinargote, con capacidad para miles, lució semivacío, con apenas un puñado de militantes fieles. Este bajo turnout contrasta drásticamente con convenciones anteriores, donde la RC llenaba estadios con fervorosas multitudes. Analistas atribuyen esta deserción a la crisis interna del movimiento, agravada por escándalos, como la reciente vinculación de la Alcaldesa de Simón Bolívar, María Fernanda Vargas con el narcotráfico. 

Correa, interviniendo telemáticamente, intentó despertar ánimo con frases como «preferiremos ser menos para ser más», pero sus palabras sonaron vacías ante la evidente fractura. El poco ánimo que despertó en sus militantes es, quizá, el síntoma más alarmante. Militantes históricos expresaron desilusión por el apoyo a figuras polarizantes, como el respaldo a Nicolás Maduro o intentos de rehabilitar a Jorge Glas.

Esta convención no solo falló en unir al partido, sino que aceleró deserciones, dejando a la RC5 en una posición vulnerable de cara a futuras elecciones. Este fracaso no es aislado; refleja un movimiento anclado en el pasado, incapaz de adaptarse a un electorado que demanda transparencia y renovación genuina. Si la RC5 no aborda sus divisiones internas, podría enfrentar un declive irreversible, cediendo terreno a opciones más frescas en el espectro político ecuatoriano. La convención de Manta no fue un revés temporal, sino un espejo crudo de la erosión del legado correísta. (O)

alvaro.sanchez2000@hotmail.com

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