El fin de los jueces anticorrupción

El Consejo de la Judicatura, decidió, el 7 de septiembre de 2026, suprimir las unidades judiciales especializadas en delitos de corrupción y crimen organizado, cerrando un capítulo de apenas cuatro años. Creadas en 2021-2022, con el propósito de concentrar conocimiento, independencia y celeridad en causas complejas de alcance nacional, estas dependencias terminan diluidas en juzgados penales ordinarios de Quito y en la Corte Provincial de Pichincha.
Lo más triste no es solo el desmantelamiento, sino el precedente que dejan algunos de quienes debían ser los guardianes de la integridad. Jueces seleccionados mediante concursos rigurosos terminaron investigados, allanados y destituidos por vínculos con estructuras criminales. Christian Quito y Gabriela Lara fueron removidos tras determinarse que habrían favorecido a procesados ligados a los Comandos de la Frontera. Otros enfrentaron suspensiones y procesos por tráfico de influencias o negligencia manifiesta. La corrupción, esa metástasis que los ecuatorianos conocemos demasiado bien, logró infiltrar incluso el espacio diseñado para combatirla. Hace poco, el Ministro del Interior también cuestionó una extraña decisión del juez Vicente Fernando Hidalgo Maldonado.
Este fracaso no es anecdótico. Revela la presión de las redes criminales y la dificultad de blindar a operadores de justicia en un país donde el crimen organizado ha demostrado capacidad de penetración. Cuando los propios jueces anticorrupción caen, la ciudadanía pierde confianza no solo en una unidad, sino en la posibilidad misma de una justicia especializada e imparcial.
Ecuador necesita tribunales fuertes contra la corrupción, pero, sobre todo, requiere controles internos efectivos con los que se pueda evitar la penetración del crimen organizado en las esferas judiciales. Eliminar las unidades sin haber depurado a fondo ni reforzado los mecanismos de integridad envía un mensaje peligroso: que la lucha anticorrupción es reversible y que incluso los espacios más protegidos pueden contaminarse. El verdadero fortalecimiento exige una especialización y blindaje de los buenos jueces, y una depuración sin tregua de quienes traicionan la toga. (O)
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