El Cabuyo negro

Conocemos, los centroandinos ecuatorianos que en nuestra serranía crecen dos variedades de cabuyos, llamadas cabuyo blanco y cabuyo negro, a más de otras variedades ornamentales del negro, a rayas o jaspeadas, otras sin espinos, y hasta una variedad de hoja más oscura y gigante de espinos más agresivos.
Notas interesantes y escasas en estos tiempos las encuentro en un folleto de 57 páginas, publicado en 1892, en Guayaquil, por la imprenta “El Globo”. Está suscrito por “Aurelio Cañadas, Tilipulo, mayo 26 de 1892”. En la portada dice: “Riquezas Ignoradas o Apuntes para la Historia Agrícola e Industrial de la Provincia de León” que hoy es Cotopaxi. El fundamento central viene focalizado a comentar de las riquezas naturales andinas de la provincia y la necesidad de impulsar la construcción del ferrocarril. “La provincia de León tenía en 1865, 75.507 habitantes, y hoy se me asegura que ampliamente cuenta con 125.000 … en 200.000 has.”. El señor Cañadas, resalta las inquietudes industriales de loza y de jabón, que comparten con un señor Ángel Tapia, y que dice “fueron hechos en esta hacienda” refiriéndose a Tilipulo, histórica y hermosa hacienda patrimonial, lastimosamente descuidada en alternativas administraciones.
Dice que el cabuyo negro cuando está maduro cuenta con 80 a 100 pencos que alcanzan “desde un metro hasta 2 de largo” que crecen alrededor de un tronco que llega hasta 6 m. de altura. En este maguey o chaguarquero crecen flores que se denominan alcaparras. Se las come en ensaladas avinagradas. De esta mata se extrae el chaguar-mishqui que traducido del quichua significa “dulce de cabuya”.
De lo que se trata en el folleto es de procurar impartir luces para la industrialización de muchos recursos naturales, y hablando de la cabuya, se comenta que en México los indios empleaban ancestralmente su fibra para confeccionar bolsos y cordeles. Igualmente por nuestros lares. También se han hecho hamacas y alfombras ordinarias “y del líquido sacarino se ha fabricado alcohol, pulque, bálsamo, aceite y miel.”
“En las vegas del río Ambato funciona ya una fábrica de hilados de cabuya, bajo el impulso del capital de los señores Seminario Hermanos de Guayaquil y la hábil dirección del Sr. Pablo Serra – se me asegura que pagan 50 centavos por cada ciento de pencos entregados en la fábrica; 12 centavos por libra de cabuyo o hilaza de méjico negro y que en Guayaquil venden ya en 25 centavos cada atado de piola del peso de 4 onzas…los indios extraen la hilaza del penco, machacándolo o golpeándolo sobre piedras para dividirlo con la mano en tiras delgadas y longitudinales, operación que ellos llaman “chilpear”; de los chilpes obtenidos de los pencos forman un atado amarrado por la parte más gruesa y enseguida la sumergen en agua hasta conseguir su pudrición (en cochas lodosas) que es cosa que viene después de 8 días. Después de esta fermentación pútrida lo lavan con varias aguas… Por último, lo ponen a secar en lugares ventilados.”
“En una hectárea cuadrada entran 10.000 matas sembrándolas a 1 m2. Luego en 2.000 Has. Entrarían 20 millones de matas que en 10 años importarían 20 millones de pesos en materia prima”. Estos y otros cálculos vienen detallados en el folleto, en pos de la industrialización de la cabuya. (O)
