El agua como símbolo universal / Ing. Patricio Chambers M.

Columnistas, Opinión

Una vez más este 22 de marzo, se celebró el Día Mundial del Agua y tal como lo expresa Naciones Unidas en su portal web, la idea de designar una fecha particular a un tema es básicamente para: sensibilizar y concienciar sobre un asunto importante. 

En esta ocasión, quisiéramos recoger algunas ideas alrededor de ella pues ha estado presente en diferentes culturas, lo cual nos lleva a descubrir que por ejemplo para al Islam, el agua tiene un sentido purificador y vital. Es, en esencia, el origen de todo rito iniciático que conducirá al místico y al hombre espiritual hasta la inmortalidad. 

Para el Hinduísmo y el mundo oriental, es fuente de vida, fecundante, fértil, sabia. El agua es la manifestación máxima del mundo: aguas de lo alto, superiores, benéficas; aguas de lo bajo, inferiores, maléficas. 

Las escritoras españolas María A. Carrillo y María A. Fernández nos explican que, cada forma de ella es una faceta simbólica, pues las aguas abisales son el subconsciente y el hielo es el estancamiento en su más alto grado.

En China el agua es el caos primordial, que contiene la totalidad de las manifestaciones. Es símbolo de la sabiduría. 

La principal metáfora del taoísmo es el agua, pues se adapta y es tan flexible como el sabio: cuando encuentra un hueco, se arremansa; cuando llega a un plano se desliza; cuando hay pendiente corre, y siempre va con perfecta y feliz naturalidad discurriendo por la vida. En el Tíbet es símbolo del compromiso en las iniciaciones.

Para el cristianismo, es donde se incuba el soplo de Dios y de la roca de Moisés brota como fuente de agua viva. Del costado de Cristo, surge como símbolo de vida eterna y purificación y, por el bautismo nace el hombre nuevo. Pero también es símbolo de muerte, pues su desencadenamiento desordenado trae catástrofes y castigos. 

En el panteón Nahuatl en el México precolombino, su simbolismo es dual: las verticales, representadas por el dios de la lluvia Tlaloc, están en relación con el fuego, creando entre los dos el reflejo ígneo de las aguas, lo que se denomina “el agua quemada”. Tlaloc está emparentado con Chalchiliutlicúe, diosa de las aguas horizontales, que sube a los cielos y baja fecundada por el Sol para fertilizar la Tierra. 

En Egipto es la misma fuente de la vida y la fertilidad, proyectada en la Tierra por el río Nilo, que era considerado como un don, reflejo de ese otro Nilo celeste para los egipcios, que era la Vía Láctea.

En Babilonia, como anteriormente en Súmer, es Océano Primordial del que se desprenden Apsu, el agua dulce, principio masculino y fértil, y Tiamat, el principio femenino de aguas saladas y caóticas que, al ser fecundadas por ese río de aguas dulces, engendran a los Primeros nacidos.

En Grecia es la que habla: de la Fuente de Castalia, en Delfos, manaba el agua que purificaba e inspiraba a la Pitia. (O)

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