Economía ecuatoriana , una mirada reflexiva

La economía ecuatoriana entra en 2026 en un punto crucial. Tras un 2025 de recuperación acelerada —luego de la recesión del 2024— el país enfrenta ahora un escenario más moderado, donde la incógnita principal no es si crecerá, sino cuánto podrá sostener ese crecimiento en un entorno fiscal limitado, un clima político preelectoral y una economía global aún incierta.
Durante 2025, el desempeño económico sorprendió positivamente. Tanto el Banco Central como el FMI proyectaron un crecimiento superior al 3%, impulsado por el consumo, un repunte de la inversión, la estabilidad de precios derivada de la dolarización y el buen comportamiento de las exportaciones no petroleras, especialmente hacia mercados como China y Corea gracias a nuevos acuerdos comerciales.
Sin embargo, 2026 no continúa con la misma velocidad. Diversos análisis coinciden en que será un año de desaceleración: las proyecciones rondan entre el 1,8% y el 2,1%, un punto menos que en 2025. Las razones son estructurales. El país enfrenta su décimo octavo año consecutivo de déficit fiscal, con necesidades de financiamiento que superan los 13 mil millones de dólares, acentuadas por el pico más alto de vencimientos de deuda pública en años recientes. Mientras tanto, la inversión privada avanza, pero aún no a un ritmo suficiente para compensar las presiones fiscales y el estancamiento de la productividad.
A ello se suma el riesgo político. El 2026 es un año preelectoral y los procesos políticos recientes han generado incertidumbre respecto a las reglas del juego, afectando la confianza empresarial y las expectativas económicas. Aunque existe una ligera mejora en el riesgo país y señales positivas como el aumento del crédito productivo y la reducción de la pobreza, estas tendencias aún no logran transformar el panorama macroeconómico por completo.
Pese a este escenario complejo, Ecuador no está condenado al estancamiento. El 2026 podría ser un año de oportunidad si el país logra acelerar reformas orientadas a la eficiencia fiscal, atraer inversión privada sostenida y profundizar su integración comercial. La dolarización seguirá siendo un ancla clave, pero no suficiente. La competitividad, la estabilidad regulatoria y la innovación empresarial serán los verdaderos motores del próximo ciclo.
Ciertamente, la economía ecuatoriana avanza, pero a un ritmo que exige prudencia. Si 2025 fue el año del rebote, es decir que la economía logró recuperarse con fuerza después de un año 2024 negativo.y de recesión; el 2026 se espera sea el año de la realidad, un recordatorio de que, sin cambios estructurales profundos, cualquier recuperación será solo temporal. (O)
