Desconectados en la guerra / Luis Fernando Torres

Columnistas, Opinión

Los invasores rusos no imaginaron que, en su avance sobre territorio ucraniano, podían quedar desconectados del sistema financiero mundial, una vez que las siete principales economías mundiales, lideradas por Estados Unidos, aislaron a los bancos de Rusia del sistema de transacciones electrónicas conocido como Swift, impidiéndoles que realicen transacciones en dólares, euros y libras esterlinas. 

Putin creyó que la guerra se desarrollaría alrededor de ejércitos y armas sobre el territorio de Ucrania. Al final, el campo de batalla también se desplazó a las transacciones financieras, además de las demás sanciones económicas y comerciales, entre las que se incluyó la congelación de 640 billones de dólares de reservas rusas depositados en bancos occidentales. 

China, que utiliza el Swift, le ha ofrecido a Rusia su sistema electrónico alternativo para transacciones financieras, denominado Cips, con la moneda digital renminbi. El problema de Rusia es que este sistema chino es muy limitado en su cobertura y le permitirá a China tener control de las transacciones rusas. 

En términos económicos Rusia tiene una economía tercer mundista. Su ejército, que se creía que era del primer mundo, resultó ser anticuado y vulnerable. Con las sofisticadas armas que Rusia ha recibido de Estados Unidos ha logrado detener la invasión y ha provocado alrededor de diez mil bajas en el ejército invasor. 

Cuando el legendario General de Cartago, Aníbal, se enfrentó a las legiones romanas, lideradas por Publio Escipión, dos siglos antes de la era cristiana, el destino de la guerra estaba determinado por la cantidad de soldados, la estrategia, la moral del ejército y el apoyo interno.

Ahora, una guerra la define el poderío económico de los combatientes, la sofisticación tecnológica de su armamento, además de la moral de quienes combaten y de la unidad nacional.  La desconexión del sistema de transacciones financieras ha dejado a Rusia en una crítica situación económica. Si, además, se desmoronan la moral y el apoyo nacional, el fracaso estaría próximo.

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