De a gratis y con yapa / Guillermo Tapia Nicola

Columnistas, Opinión

El cambio empieza por uno mismo. Si no hacemos el esfuerzo indispensable por modificar hábitos y costumbres que en el tiempo no generaron bienestar, entonces solo cabe admitir que intentamos vivir de gratis y pidiendo yapa.

Mal acostumbrados, nos limitamos a requerir y criticar, sin que importe para nada, dialogar, proponer o enmendar. Queremos recibir todo lo que se pueda, en el menor tiempo posible y sin trabas. Más salario, menos trabajo, más prestaciones, menos aportes, más subsidios, menos impuestos, más títulos, maestrías y phd, pero menos obligaciones.

Terminaremos exigiendo a la Junta de Beneficencia que nos pague el premio gordo de la lotería, sin nunca haber comprado un boleto. ¡Sí que somos patéticos!

Ahora, anticipar posibles acciones constitucionales, como esta de la consulta popular (plebiscito o referéndum), para que la gran masa poblacional tenga la oportunidad de indicar lo que quiere y apoyar lo que le conviene, es interpretado por otros actores y sectores políticos como una amenaza a la democracia.

En realidad creo que la miopía es de tal naturaleza que supera la limitación visual. Está claro que no aprendimos nada del hacer político y peor del hacer público, no obstante las experiencias traumáticas que hemos soportado y las evidencias de otras -históricas- sobre las que disponemos de alguna información.

!La capacidad de enmienda es nula!

¡Y queremos ser políticos y que nos llamen así! ¡Y queremos ser millonarios, empresarios, respetados y únicos!

Y exigimos serlo, no obstante la baja calidad del debate público de las izquierdas y derechas. Confiadas mutuamente, del ínfimo nivel de sus discursos y praxis. Con generaciones mal informadas, por no decir poco y mal leídas. Apenas si escondidas detrás de un dispositivo que, igual sirve para distraerse, reclamar y conocer, se han roto en mil pedazos las prácticas de aprendizaje, formación y mentoría. Pero las facciones, siguen campantes.

Ya no se discute cara a cara para mejorar y se evitan conversaciones sobre temáticas que impliquen desafíos intelectuales. Hasta las sobremesas familiares han desaparecido y lo más deprimente, en muchos de los casos, padres e hijos casi no se recuerdan juntos compartiendo un trozo de pan.

Cuando eso ocurre, asignamos culpa al estrés de vida que llevamos, al poco o mucho sueldo que ganamos, al escaso tiempo disponible, al limitado conocimiento recibido y al casi nulo esfuerzo realizado para superarnos.

No es nada nuevo. Lo urgente, estriba en las mafias que operando en los espacios institucionales, se han dedicado a la ingrata tarea de minar espíritus y amenazar a funcionarios para evitar correctivos, forzar renuncias y calentar el ambiente de dudas y lamentos.

Llegó la hora de repensar el camino, aunque moleste a más de uno y evitar vivir de a gratis y con yapa. (O)

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