Control Carcelario / Editorial

Editorial, Opinión

La fuga de seis presos de la cárcel de Bellavista, en Santo Domingo de los Tsáchilas, ha vuelto a encender las alertas sobre el sistema penitenciario. Según las autoridades, los reos abrieron un agujero en su celda y recorrieron cerca de ochenta metros por un conducto de tuberías hasta un río, en un pabellón cuyas cámaras de vigilancia estaban dañadas. La Policía y las Fuerzas Armadas mantienen un amplio operativo de búsqueda, y es de esperar que los evadidos sean recapturados pronto y que se establezcan las responsabilidades del caso.

Las cárceles son una pieza clave en la lucha contra la inseguridad. Durante años, varios centros del país fueron escenario de masacres y se convirtieron en centros de mando de bandas criminales, una situación que el Estado ha buscado revertir con la intervención militar y el control de los pabellones. Lo ocurrido en Bellavista demuestra que esos esfuerzos deben sostenerse con mantenimiento de la infraestructura, tecnología de vigilancia en funcionamiento y personal penitenciario capacitado y suficiente.

En Ambato, el Centro de Privación de Libertad de Tungurahua no ha registrado en los últimos tiempos hechos graves, gracias en buena medida a los operativos constantes de la Policía y las Fuerzas Armadas, que con requisas periódicas impiden el ingreso de objetos prohibidos. Es una muestra de que el control permanente da resultados, y que no se puede bajar la guardia. Los ambateños confiamos en que esa vigilancia se mantenga, porque una cárcel bajo control del Estado es también una garantía de tranquilidad para toda la ciudad. (O)

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