Cómplices de la violencia / Mirian Delgado Palma

Columnistas, Opinión

La violencia contra la mujer es un acto desalmado y cruel, que se observa en todo el mundo. Las estadísticas revelan el número de asesinatos de mujeres de todas las edades que van en escala ascendente, convirtiéndose en una práctica cotidiana para quienes vulneran los derechos de los seres humanos y el derecho por la vida, que es un mandato Divino.

A esta dolorosa situación hay que agregar la impunidad que suele estar detrás de estos crímenes, es decir la inacción o desprotección estatal frente a la violencia hecha contra la mujer. Por su puesto que la falta de moral y ética de quienes tienen en sus manos la Ley constituye letra muerta, porque detrás de ella tienen primacía los sobornos para dejar de lado estos desgarradores delitos.

La abultada legislación que se ha producido en defensa de los derechos de las mujeres es mi percepción, no ha dado los frutos esperados, no percibimos una transformación social en el tema de la violencia de género. Los medios de comunicación difunden, en noticias, comentarios, crónicas, editoriales, los crímenes a las mujeres todos los días.

La violencia contra las mujeres viola los derechos humanos, cualquier acción o conducta que atenten contra la integridad de la mujer; y que, cause daño, o sufrimiento físico, sexual o psicológico, y aún la muerte tienen repercusiones muy graves en el entorno familiar.

A manera de justificación, que no es lo lógico y racional se comenta que son patrones y estereotipos de comportamiento y prácticas sociales y culturales, basadas en conceptos de subordinación y minimización de la condición de mujer. De manera que la violencia hoy por hoy es creciente, no da tregua.

Por otra parte, es importante abordar esta problemática desde otro punto de vista, en realidad las mujeres que son sometidas a estos atropellos sin nombre, en la mayoría de los casos son las cómplices por tapar los delitos cometidos por su pareja, esposo, amante o conviviente. Son las primeras en justificar la conducta irracional a la que están sometidas, por estas escorias humanas; es decir se atribuyen que si son ultrajadas se merecen, porque ellas son las causantes de exasperar los ánimos de su consorte.

Lamentablemente, no sé, si es el corazón, la comodidad económica, el estatus o cualquier otra situación que les transforman en angelitos a estos seres humanos depravados, a la hora de juzgarles. ¡Qué pena!, pero esta es la cruda realidad. Mientras existan mujeres que tienen por los suelos la autoestima y hayan perdido su dignidad. Siempre serán las “promotoras más animosas de la complicidad”. No quisiera ser pesimista, pero si tenemos estos comportamientos irracionales, esta pandemia no tendrá fin. (O)

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