Catástrofes siempre son recordadas

Ciudad

José Rodríguez quedó aplastado por una pared, junto a la madre y hermana, pero los rescataron a tiempo. (Foto El Heraldo)

José Rodríguez tenía 7 años de edad cuando el terremoto sorprendió a Tungurahua. A sus 80 años de edad, recuerda ese día como si lo estuviese viviendo nuevamente.

Mencionó que eran las 16:00 horas y todo oscureció, su madre lavaba ropa ajena en la lavandería municipal que estaba por la entrada a Miraflores y cuando la tierra comenzó a temblar corrieron y en esa escapada quedaron sepultados por una pared.

“Una familia nos salvó. Tomaron azadones y palas y quitaron todo el escombro que nos cubrió. Logramos sobrevivir mi madre, hermana y yo”, comentó el longevo.

Pero no fue el único terremoto que sorprendió a la provincia, primero fue uno en 1.698, luego en 1.797, el más recordado que fue en 1.949; después le siguieron otros siete más, aseguró el cronista tungurahuense Gerardo Nicola.

Para Nicola, fue ese de 1.949 que ubicó a la gente a la realidad que se vive en un mundo azotado por eventos naturales como terremotos, deslaves, lluvias, sequías, erupciones de volcanes y hasta pandemias.

Otro sobreviviente es Carlos Bonilla, maestro jubilado, quien aseguró que las catástrofes son más aprovechadas por los políticos de turno quienes no distribuyen bien los recursos y es la población la que debe levantase sola.

Con eso coincide Pedro Reino, cronista de Ambato, quien recalcó que las calamidades han servido para quienes manejan el poder y las víctimas sigan con heroísmo increíble a la condición de damnificados. “Eso ha ocurrido con todos los terremotos, la erupción del volcán y hasta ahora en la pandemia”, expresó Reino.

De su parte, Gerardo Nicola, recordó que incluso en ese 1.949 se impuso una Junta de Reconstrucción que era gobernada por gente de afuera y “derrocharon y mal distribuyeron los recursos. Se construyó primero la iglesia matriz y se dejó sin viviendas a la población. La propuesta fue primero las viviendas y luego los monumentos religiosos, pero eso no se hizo. La gente vivió en carpas por casi ocho años. Gran parte de la población no tenía casas y perdió la esperanza en la junta reconstructora”, manifestó Nicola.

Agregó que la historia se ha repetido en todos los desastres. Igual pasó con la erupción del Tungurahua, donde solo en Baños de Agua Santa vieron una oportunidad en medio del desastre. (I)

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