Así como pensamos, somos IV

Columnistas, Opinión

La semana pasada habíamos insistido que nadie construyó su inseguridad o su fortaleza en un solo día. Dijimos que cada pensamiento repetido cuenta. Si elegimos conscientemente el pensamiento que nos fortalece en lugar del que nos hunde, estamos dando un paso más sobre ese sendero nuevo y con el tiempo ese sendero se vuelve tan natural como el anterior que alguna vez lo fue.

Lo primero y muy importante es empezar a notar, sin juzgarnos con crueldad cuál es el pensamiento que más repetimos sobre nosotros mismos. No el que decimos en voz alta frente a otros, sino el que realmente circula por nuestra cabeza cuando nadie nos está observando. Ese es nuestro sendero dominante y hasta que no lo identifiquemos con honestidad, no vamos a poder cambiarlo, no podemos apagar un incendio que ni siquiera sabemos que existe. Lo segundo es entender que no se trata de eliminar el pensamiento negativo con fuerza de voluntad pura, como si fuera un enemigo al que hay que aplastar.

Eso nunca funciona y de hecho suele fortalecerse aún más ese pensamiento, porque resistirnos a algo mantiene nuestra atención puesta exactamente allí. Lo que funciona es sustituirlo activamente con un pensamiento distinto cada vez que lo detectamos. No se trata de fingir que todo está perfecto, se trata de preguntarnos cada vez que aparece esa voz interna de derrota: ¿cuál sería el pensamiento que un hombre disciplinado y seguro de sí mismo que ya construyó la vida que nosotros queremos construir tendría en este mismo momento? y sostener esta pregunta hasta que se vuelva costumbre. Anteponer la frase: “estoy teniendo pensamientos de in seguridad, de miedo, de nerviosismo” en vez de identificarnos como personas inseguras, miedosas, nerviosas. Lo tercero, y que la mayoría ignora por completo, es que el pensamiento sin acción se evapora rápido. El pensamiento necesita un comportamiento que lo respalde para grabarse con fuerza en nuestro cerebro. Si nos repetimos que somos disciplinados, pero seguimos posponiendo las cosas, nuestro cerebro no cree nuestras palabras, él cree nuestras acciones. Por eso cada pequeña acción disciplinada, aunque parezca insignificante, funciona como una prueba física de que el pensamiento nuevo es verdadero, solo entonces, nuestro cerebro empieza a fortalecer ese camino con mucha más rapidez porque tiene evidencia real.

Todos vamos a convertirnos en algo, lo queramos o no. Nuestro cerebro no se detiene, sigue formando conexiones nuevas todos los días de nuestra vida. ¿Vamos a dejarlo al azar, a merced de las noticias, de las comparaciones en redes sociales, de las opiniones de gente que ni siquiera conocemos, de lo que nos dijeron y nos lastimaron cuando niños? Podemos tomar el control consciente y deliberado de qué pensamientos decidimos repetir todos los días hasta convertirnos en la persona que deseamos ser. No nacimos con los pensamientos que hoy nos limitan, los construimos con repetición. Y todo lo que se construye con repetición se puede reconstruir de la misma forma. Nuestro cerebro no está terminado, nunca lo estuvo. Está esperando ahora mismo a que decidamos qué camino vamos a reforzar a partir de hoy. (O)

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