Arte local engalana la Basílica

La obra de arte elaborada por el artista plástico baneño Edguin Barrera ya reposa en la nave central de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Agua Santa, en el cantón Baños. El gran lienzo, colocado a inicios de este mes de julio, se encuentra completamente visible para los feligreses y turistas, conjugándose de manera perfecta con los históricos muros de piedra del templo gracias a su similitud cromática y su respetuoso estilo artístico.
La historia de cómo llegó esta pintura al altar comenzó con un profundo proceso de intervención arquitectónica dentro del santuario. Durante los trabajos en la nave central, se retiraron las teselas que cubrían los muros y columnas para dejar vista la piedra original, y se iniciaron reparaciones en las cubiertas y el convento. En medio de esta reestructuración, las autoridades notaron que San Vicente era el único santo representado por una escultura en volumen, lo que rompía visualmente con el montaje bidimensional planificado para el resto de las obras.
Ante este inconveniente estético, un análisis técnico determinó la necesidad de retirar la escultura y contratar a un pintor para elaborar una pieza bidimensional que devolviera la armonía al espacio. Los Frailes de la orden religiosa manifestaron firmemente su deseo de que la obra fuera creada por un talento local. Tras evaluar exhaustivamente las trayectorias, estilos y temáticas de varios exponentes de la zona, la comunidad religiosa seleccionó al artista baneño Edguin Barrera para asumir el importante encargo.
Al recibir la propuesta formal, Barrera aceptó el desafío bajo una condición indispensable: que le permitieran plasmar una versión completamente propia y original del personaje. El pintor manifestó a los religiosos que no era partidario de realizar simples reproducciones o copias de piezas artísticas preexistentes, por lo que el proyecto solo avanzaría si se le otorgaba total libertad creativa para inmortalizar al santo desde su propia perspectiva.
Con el visto bueno de los Frailes, el artista plástico inició la ejecución de la obra en gran formato utilizando la técnica de óleo sobre lienzo. Decidió enfocar la composición en representar a San Vicente cumpliendo su labor primordial en vida: la predicación. El concepto evoca los históricos recorridos del santo por los pueblos de Europa difundiendo la penitencia y la conversión, una labor espiritual por la cual su presencia siempre fue concebida como un símbolo de paz y reconciliación.
Para la construcción visual del personaje, Barrera plasmó minuciosamente toda la iconografía clásica que la Iglesia católica le atribuye. En la pintura resalta el dedo índice de San Vicente señalando hacia el cielo, gesto con el cual realizaba sus milagros; un par de alas en su espalda que hacen referencia a su título de “El Ángel del Apocalipsis”; la tradicional tonsura en su cabellera clerical; y la trompeta con la que transmitía los mensajes del evangelio.
El toque definitivo y más característico de este relato pictórico fue la ambientación geográfica que el autor decidió darle a la escena. En lugar de utilizar un fondo abstracto o europeo, Edguin Barrera situó al santo dentro del majestuoso entorno natural que caracteriza al cantón Baños de Agua Santa. Esta genialidad artística conectó directamente la identidad paisajística de la localidad con la divinidad de la pintura, logrando que la obra no solo adorne el templo, sino que pertenezca íntimamente a su pueblo. (I)
