Antídotos contra el mal del fanatismo / Ing. Patricio Chambers M.

Columnistas, Opinión

No deja de sorprendernos los extremos en los que se está moviendo el mundo actual, en el que cada vez es más lejano el sentido de cordura y equilibrio natural de las cosas, no sólo en asuntos de política o religión, sino en casi todos los ámbitos del quehacer social.

Estamos en una sociedad de excesos los cuales hasta hace poco eran impensables, pero hoy simplemente los hemos normalizado conformando un entorno de extremos, donde cualquier acontecimiento es interpretado como blanco o negro y nada más, pues aquellos espacios intermedios necesarios simplemente los hemos desvanecido.

Vivimos momentos de radicalismos a ultranza, en los cuales es muy difícil guardar las proporciones debidas y muy fácil alimentar posturas extremistas que siempre buscan imponer ideas y posturas ante el resto.

Cada vez es más frecuente escuchar hoy en día, cómo se condena a aquel que piensa distinto, a esa persona que no comparte nuestro modo de vida o simplemente se ubica en otro lado del tablero social. En fin, basta que alguien mantenga otras ideas o actúe diferente para merecer incluso comentarios de burla y desprecio.

He aquí el caldo de cultivo del fanatismo, un mal que está atacando a gran parte del mundo y que, por sus funestas consecuencias necesita de un antídoto antes de que sea demasiado tarde.

Una primera recomendación es desarrollar un pensamiento ecléctico, recordando que estamos frente a realidades múltiples y fragmentadas.

Jorge A. Livraga nos dice al respecto, que el eclecticismo es una postura ante la vida “que, sin objetar a priori cosa alguna, las analiza y contempla, las compara y relaciona, a fin de buscar las mejores, para destacar finalmente la más calificada como digna de aceptación.”

Esto no significa indefinición ni medias tintas, sino tener la capacidad de ver el conjunto como una unidad que se manifiesta en forma diversa y variada, para sólo entonces asumir una posición para expresarla con claridad y cortesía.

Por ello, Livraga añadirá que “el eclecticismo, si es verdadero, es un acceso a la verdad; y una vez descubierta esta verdad se la debe mostrar, afirmar y proclamar…”

Esto nos lleva a una segunda fórmula que permite superar cualquier fanatismo, esa fórmula es el diálogo, el cual contribuye a mejorar la convivencia entre las personas.

Recordar para ello que no somos iguales, pues cada ser humano es un mundo con sus virtudes, capacidades y entendimiento de la realidad; pero el hecho de que no seamos iguales no impide sino al contrario, permite complementarnos pues una visión distinta de las cosas siempre nos enriquecerá.

Somos seres que actuamos en sociedad y generalmente los conflictos que surgen de esa interacción, se originan por problemas de comunicación. De ahí que la importancia de saber comunicarse y desarrollar el diálogo que de por sí, es todo un arte. Una tercera clave sería desarrollar la autorreflexión junto al propósito sincero de aprender del otro, para entonces valorarlo, apreciarlo y no únicamente tolerarlo.      (O)

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