Ambateños en política de campanario. 1906

Resulta curiosamente escaso encontrar una crítica social de panorama sobre nuestra ciudad y sus más destacados intelectuales que están enmarcados en diversas tendencias políticas. El texto corresponde a Enrique de Rastignac, que es un pseudónimo en francés del escritor cuencano Manuel J. Calle, quien también escribía como “Ernesto Mora” (Manuel de Jesús Calle Pesantes (Cuenca, 24 de diciembre de 1866 – Guayaquil, 6 de octubre de 1918) fue un crítico, sociólogo, político, periodista, articulista, escritor e historiador ecuatoriano).
El “tuerto Calle”, como también es conocido el escritor, debido a su defecto físico, en su libro Hombres de la Revuelta, pone los argumentos que voy entresacando de la biblioteca de la ciudad de Ambato. He aquí su pintura sobre Ambato y sus principales personajes:
“Ambato es una de las ciudades del Ecuador donde se hace más política y se dilucidan las cuestiones relacionadas con la marcha de los acontecimientos. Bello país en donde las opiniones se caldean al rojo… sin la serpiente de la política, y política de campanario, esa ciudad sería paraíso del Ecuador…
allí los hombres deberían ser mejores, pero sucede que, por razones que no alcanzamos, en este pueblo liberal y altivo la exageración es un vicio de todos los que han sobresalido por las dotes de su inteligencia. Mera fue liberalófobo intransigente, e intransigente clerófobo fue Montalvo; y si el carácter de Cevallos se mantuvo en una tolerante medianía, dicen que don Nicolás Martínez fue de recia condición.
Hoy mismo al lado de Julio Fernández se alza Modesto Chacón, ambos arrebatados por el viento de contrarias opiniones y a merced de las veleidades de ese viento. La excepción acaso sea el doctor Vela, acero que se doblega a la suave brisa de la propia conveniencia, dentro del canon liberal, por supuesto.
Esta infrangibilidad del malgenio crea dificultades para la vida de aquel jardín de delicias, porque como ninguno cede a la Sociedad Pensante se divide en bandos, los ecos de las desaveniencias llegan al fondo de los hogares y se respira un aire pesado y malsano de chismografía de pueblo, de pequeños rencores, de pequeñas contradicciones, de emulaciones chiquitas, de ambiciones en diminutivo, de propósitos de venganza insignificantes, que constituyen el fondo de las relaciones sociales…(y) los odios de aldea adquieren la proporción de acontecimientos.”
Sobre el liberal ambateño Julio Fernández dice: que es “de carácter irascible como un niño, intransigente como una beata que se hubiese convertido al más puro liberalismo. Odiador y adiado en su ciudad natal, soberbio y bilioso, voluble como la onda y muy inteligente.
Al Dr. Fernández, diremos que le distingue de sus conciudadanos, una especialidad: la de ser enemigo de todos los gobiernos. A justo título hizo armas contra Caamaño, contra Flores, contra Cordero, porque él es, ante todo, un liberal de raza, mas, ¿por qué se convirtió en enemigo del régimen radical?…
