El descanso no es un lujo

Columnistas, Opinión

En ocasiones cuando salimos del trabajo, la mente sigue repasando pendientes y obligaciones que tenemos. El cuerpo está en el sofá; la cabeza en la oficina. Esta escena, tan común, muestra que descansar no consiste solo en dejar de trabajar físicamente.

La ciencia llama desconexión psicológica a la capacidad de apartar la mente del trabajo durante el tiempo libre. Cuando falla, aparece la rumiación laboral, darle vueltas una y otra vez a las obligaciones. Las investigaciones de Sabine Sonnentag asocian este fenómeno con la generación de más cansancio, peor ánimo y sueño de menor calidad. 

Si esta falta de recuperación de energía se prolonga, puede contribuir al burnout, un síndrome de agotamiento ligado al estrés laboral crónico, que la Organización Mundial de la Salud reconoce como un fenómeno ocupacional, no como una enfermedad.

El dormir también es un proceso importante. La procrastinación del sueño consiste en posponer la hora de acostarse sin que nada externo lo obligue. Cuando ocurre tras un día dominado por obligaciones y la persona busca recuperar un rato propio, se le conoce popularmente como “procrastinación del sueño por venganza”. El problema es que ese tiempo ganado en la noche suele cobrarse con cansancio al día siguiente.

¿Hace falta viajar o gastar mucho para recuperarse? No necesariamente.

Los estudios sobre experiencias de recuperación indican que importa menos el valor económico que lo que la actividad permite: desconectarse, relajarse, aprender algo por gusto y decidir cómo usar el propio tiempo. 

Una caminata, un pasatiempo o un rato con seres queridos o a solas pueden cumplirlo, siempre que no se conviertan en una obligación.

Algunas medidas sencillas pueden ayudar a marcar el final de la jornada. Con un gesto simple y concreto como apagar las notificaciones laborales o cambiarse de ropa ayudamos al cuerpo a relajarse. 

Anotar los pendientes antes de dormir en una lista de tareas, favorece la conciliación del sueño.

Las pausas o momentos de descanso en el día tienen límite, no sustituyen al sueño nocturno ni a las vacaciones, tampoco resuelven una sobrecarga laboral persistente. Si el agotamiento no cede, conviene revisar las condiciones de trabajo y consultar con profesionales de la salud física y mental.

Descansar no es una recompensa que se gana al terminar las labores, sino un derecho que sostiene la atención, el ánimo y la salud. Atenderla a tiempo es un deber para con uno mismo.

tamayodomenica5@gmail.com

Deja una respuesta