Ideas sobre “Matar a la madre patria”

El primer gran intento de “matar a la madre patria”, se dio en Quito donde los pizarristas, liderados por Gonzalo Pizarro, cortaron la cabeza, nada mendos que del primer virrey del Perú Blasco Núñez de Vela el 18 de enero de 1546. Los pizarristas, denominados así por prestarse para secundar la revuelta de un caudillo, sin poder negar a España, dieron muerte a su máximo representante. Preguntémonos aquí, ¿caudillos y acaudillados empezaron a tener el sentimiento de querencia a la quiteñidad peruanizada? ¿Están renegados de España o de su monarquía? La respuesta es negativa a las dos interrogantes. Aquí no hay nada, lo que hay es interés. Aquí se instalará una réplica española de un sistema de explotación y se desarrollará la impunidad como conocida práctica de la corrupción peninsular.
Si los inmigrantes españoles vinieron a América a mandar, a ordenar y a hacer trabajar a los esclavizados indios y negros, no saben lo que es una querencia terrígena, porque no lo han hecho con el sudor de su frente ni con el trabajo de sus propias manos. La querencia es una cosa del espíritu, no del poder. Querencia no tiene el acaudalado sino quien labra raciones de felicidad. Así, los hijos de los ricos mineros, de los hacendados y de los burócratas ¿cuánto van a demorar en ser los americanos querendones de su nueva geografía? Sus padres saben que les han nacido “indianos” inútiles para competir con los chapetones que, solo por el pañal de cuna se sienten superiores a sus hermanos de sangre.
Por eso el referido Salagueri (autor del libro que refiero) dice “el pasado español solo representaba un enorme depósito de inutilidad.” (P. 41) porque para que gobernaran las colonias, España mandaba a gente chapetona e incapacitada, y ahí se fijó el atavismo de que “el más negado es el que mejor gobierna”. Los ineptos no sirven ni siquiera para conspiradores. Esto sigue vigente.
España no dejó gobernar sus dominios a los propios hijos de sus élites nacidas en sus propias colonias. “de los 160 virreyes del imperio español, solo hubo 4 americanos, y de los 600 presidentes y capitanes generales, 14 nacieron en América”: Salagueri p. 54 cita a Lastarria en Investigaciones sobre la influencia social de la conquista y del sistema colonial de los españoles en Chile, Santiago 1844. Esto nos hace pensar que la independencia fue una lucha de las élites criollas contra el despotismo. Por eso Andrés Bello dijo que “España se arrastra como un imperio vago y perezoso, que obstaculiza más que destruye, que corta más intelectos que cuellos”. Y unos renglones más abajo, se lee que a los querendones de América nos toca la tarea de “desinfectar el pasado”.
Pero se dirán los oyentes que acá hacia América, tempranamente vinieron universidades. Pero ante eso, recientemente nos enteramos lo dicho por el secretario de Simón Bolívar, Juan García del Río: “Las universidades solo servían en América para enseñar quimeras despreciables”. Otras opiniones sobre la educación y las universidades coloniales han sido “monumentos a la imbecilidad intelectual”, esto porque había una prohibición virreinal de introducir libros en América.Nuestro caso es insistir: ¿Dónde se fomenta una educación con orientación a la querencia? ¿cuál es el pensamiento y los autores criollos que luchen por la querencia? La madrastra España no deja. No tiene hijos sino esclavos en su nuevo continente. Léase el caso de los encendedores de la luz de América perseguidos, como el conde Jijón. Fue denunciado en la Inquisición de Cartagena de Indias bajo el delito de leer libros prohibidos, probablemente los que había traído desde su estancia en París al borde de la fragata «El Diamante». (O)
