El valor de las canas

Columnistas, Opinión

Para muchas personas, llegar a los 40 o 50 años puede significar mayores dificultades a la hora de buscar trabajo. El mercado laboral suele castigar la edad. Se asocia la juventud con adaptación, tecnología y productividad, mientras las canas empiezan a verse como una desventaja. Sin embargo, desde la economía esto no siempre es así. La experiencia acumulada es un recurso valioso y, en muchos casos, las empresas pueden estar desaprovechando una gran oportunidad.

El problema existe más allá de nuestras percepciones. En los países desarrollados, la tasa de empleo de las personas entre 55 y 64 años fue del 64,6% en 2024, frente al 80,1% entre quienes tenían de 25 a 54 años. Además, perder un empleo a edades avanzadas aumenta el riesgo de permanecer desempleado o abandonar definitivamente el mercado laboral.

En Ecuador esto también ocurre dentro de un mercado laboral que ya presenta dificultades para todos. Para mayo de 2026, último dato publicado por el INEC, apenas el 36,6% de la población económicamente activa tenía un empleo adecuado. Para alguien que ha trabajado veinte o treinta años y debe comenzar nuevamente a buscar empleo, competir en ese mercado puede resultar especialmente complejo.

Quien ha pasado buena parte de su vida dentro de una profesión conoce sus procesos, entiende a los clientes, ha enfrentado crisis y ha aprendido de errores y aciertos. Muchas veces es la persona a la que todos recurren cuando aparece un problema que ningún manual explica.

Ese conocimiento también tiene un enorme valor para quienes recién comienzan. Los trabajadores experimentados pueden enseñar formas de hacer las cosas, transmitir conocimientos que solo se adquieren con los años y ayudar a formar a las nuevas generaciones. Además, conocen la historia de la organización, las razones detrás de muchas decisiones y las relaciones construidas durante décadas. Todo eso también es capital humano.

Muchos de los gerentes y directivos de grandes empresas son personas que han acumulado décadas de experiencia en los negocios y en sus propias organizaciones. Su principal valor no necesariamente está en dominar cada nueva tecnología, sistema de información o tendencia, sino en algo más difícil de adquirir: haber aprendido a tomar decisiones, enfrentar crisis y adaptarse a los constantes cambios que atraviesa una empresa.

Quizás por eso deberíamos mirar las canas de otra manera. Detrás de ellas puede existir una vida entera de decisiones, errores, aciertos y conocimientos acumulados. Las empresas necesitan nuevas ideas y nuevas generaciones, pero también necesitan personas capaces de transmitir lo aprendido y orientar a quienes vienen detrás de ellos. (O)

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