Así como pensamos, somos 

Columnistas, Opinión

En este mismo instante nuestro cerebro está construyendo al ser que seremos dentro de un año o 10 años, no con nuestras acciones todavía sino con nuestros pensamientos. Cada idea que repetimos está literalmente esculpiendo el tejido de nuestro cerebro tal como el agua talla la piedra durante años. Nos convertimos en lo que pensamos

Imaginemos que nuestra mente es un campo enorme, un terreno cubierto de pasto alto y que cada vez que caminamos por el mismo sendero, el pasto se aplasta un poco más. Al principio cuesta trabajo avanzar, hay que cortar ramas, esquivar piedras, pero, si caminamos por ese mismo sendero todos los días, durante semanas, durante meses, el camino se marca solo, se vuelve más fácil de recorrer que cualquier otro. Llegamos a un punto en que nuestros pasos caminan ese sendero sin que nosotros ni siquiera lo decidamos, caminan solos por hábito, por repetición, porque el cuerpo ya memorizó la ruta. Eso, exactamente eso es lo que ocurre a nivel biológico dentro de nuestra cabeza cada vez que pensamos algo. 

Creemos que pensamos lo que pensamos porque somos quienes somos, pero es al revés, somos quienes somos porque llevamos mucho tiempo pensando lo que pensamos. En base al desconocimiento de lo que pasa en nuestro cerebro y sus circuitos neuronales nos preguntamos por qué nuestra vida no cambia. Cuando tenemos un pensamiento, un grupo de neuronas se activan y se comunican entre sí a través de conexiones llamadas sinapsis. Cada vez que repetimos ese mismo pensamiento, esa misma conexión se fortalece, se vuelve más eficiente, más rápida, más automática, las neuronas que se conectan se activan juntas. Nuestro cerebro literalmente construye autopistas para los pensamientos que más tenemos. Si durante muchos años, quizá desde la infancia nos hemos repetido que no somos capaces, que nunca terminamos lo que empezamos, que todo hacemos mal, que siempre nos falta algo, que la suerte nunca está de nuestro lado, que otros nacieron con ventaja y nosotros no, o a lo mejor nuestros padres nos inutilizaron con su sobreprotección, no es que esos pensamientos sean simplemente negativos, es que se convirtieron en el atajo más fácil dentro de nuestra propia mente. Si al despertar nuestro cerebro busca automáticamente el motivo por el que algo va a salir mal, está siendo eficiente, está usando el camino que nosotros mismos pavimentamos con años de repetición. Creemos que el problema es la falta de motivación, pero la motivación no es el problema, es la arquitectura que ya diseñamos, es el mapa de caminos que construimos sin darnos cuenta durante años de piloto automático.

A finales del siglo XIX, el fisiólogo Santiago Ramón y Cajal se pasó años observando el tejido cerebral bajo el microscopio y llegó a una conclusión de que el cerebro no es un órgano fijo, ya formado y terminado como se creía, sino que es un sistema vivo que se transforma según cómo lo usemos. En su tiempo, esa idea era casi una herejía científica. Y ahora la ciencia le da la razón. Hoy sabemos que el cerebro se remodela a sí mismo cada día durante toda la vida. A este fenómeno lo llamamos plasticidad cerebral y es el descubrimiento más liberador de toda la neurociencia moderna, porque significa una sola cosa: No estamos condenado a ser quienes hemos sido hasta hoy…continuará. (O)

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