Sin respuestas

Columnistas, Opinión

Cuando era niño no paraba de preguntarme cosas como: ¿cómo se logra la transparencia del vidrio? o ¿por qué se eleva algo tan pesado como un avión? o ya un poquito más grande ¿cómo es que un antibiótico “sabe” qué bacterias atacar?, y cosas por el estilo. Las respuestas, bastante coherentes y racionales, me dejaron tranquilo, puesto que, en los tres casos tienen perfecto sentido, no son forzadas ni mucho menos inentendibles.

No así con muchas otras preguntas que hoy me hago (esta vez le planteo una) con las que no tengo la misma calidad de respuestas y por lo tanto siguen -para mi- sin explicación.

Por ejemplo: ¿Cómo se fabrican transistores (chips) de escalas microscópicas?

Para quienes no estén familiarizados, se los cuento: Un nanómetro es una escala de medición. Un cabello humano mide alrededor de 50 mil a 100 mil nanómetros de diámetro. Una molécula de ADN tiene unos 3 nanómetros de diámetro. Un átomo mide alrededor de 0,1 nanómetro. Un transistor, fabricado por humanos, y de los que su teléfono celular tiene miles de millones en su interior, mide lo que una molécula de ADN (treinta mil veces más pequeño que uno de sus pelos). ¿Cómo construyeron estos artefactos tan diminutos que se alojan, además, en la IA, computadoras, autos modernos, satélites, sistemas médicos, cámaras digitales, dispositivos de almacenamiento, etc.?

Y si esto aún no le parece lo suficientemente loco, déjeme contarle que cada uno de esos transistores tiene “dibujados” en su interior circuitos tan complejos que parecen inmensas metrópolis vistas al microscopio.

Si se pone a pensar, es realmente absurdo imaginar siquiera que algo así pueda ser cierto con la tecnología humana actual, pero lo es y a escalas industriales. ¿Cómo es que un “absurdo” de estas dimensiones haya llegado a ser tan habitual en nuestros días?

Al investigar en internet y con IA, las explicaciones me confundieron más y sus respuestas continúan dejándome insatisfecho. Tratan de convencerme con argumentos como: “No es que exista un brazo robótico que ensamble un transistor de esas dimensiones ni que manipule circuitos a esas escalas, es que el hombre ha aprendido a usar la naturaleza a su favor combinando física, química, electricidad y electromagnetismo para fabricarlos mediante patrones, capas, luz, grabado y deposición (sic). Es parecido a imprimir una ciudad completa utilizando una plantilla, en lugar de construir casa por casa.” O sea, dijo todo y no dijo nada.

La dimensión de la espectacularidad de esta tecnología es simplemente deslumbrante, tanto, que no me pesa insinuar que habría sido heredada de civilizaciones alienígenas, tal como en su momento también lo hicieron con los objetos (en contraste) más grandes e intrigantes jamás construidos por el hombre: las pirámides de Egipto.

Lo cierto es que, para entender cómo lo hicieron, en ambos casos nos quedamos, por ahora, sin respuestas. (O)

mariofernandobarona@gmail.com

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