Novela de escritor tungurahuense publicada en España. 2026

Columnistas, Opinión

He pasado por la lectura de las 213 páginas de la novela ENTRE LA VOCACIÓN Y EL DESEO, publicada por Letrame, “Impreso en España – Unión Europea”, del escritor nacido en Quisapincha, el Ing. Melchor Rodríguez Núñez (1948) y radicado actualmente en Pedernales – Manabí, en donde es un activista cultural.

Melchor Rodríguez no es nuevo en trabajar con las palabras, como cosa que nos viene del espíritu de esta tierra que es un lechuguín o semillero de palabras que se vuelven libros para las lecturas de trasplante. En 2024 nos entregó LAS HISTORIAS QUE FALTABAN, un libro en 282 páginas publicado por la editorial El Conejo, con relatos de nuestros modos de vivir.

“Jaime Juan arribó esa mañana a los patios-cancha del seminario acompañado de sus padres, con cuatro maletas grandes más una maleta de mano, provocando la risa generalizada de sus futuros compañeros, futuros profesores y hasta el  mismo rector, quien aprovecharía la ocasión para explicarle y explicar a los demás aspirantes a la vida monacal que el seminario no era un hotel de lujo donde venían a pasar vacaciones, sino el lugar de su futura formación sacerdotal consistente en la  preparación integral del ser humano para vivir y practicar la austeridad, la oración, la humildad, la solidaridad, fundamentos filosóficos, vida pastoral de servicio a la comunidad, una vida entera entregada al servicio del Señor…”

Así empieza el libro que lo lleva como brújula de todo su argumento fallido por parte del protagonista. Voy a plantear dos premisas teóricas en lo que he le leído de los escritores de nuestro entorno: Por una parte, hay condensados novelados y por ende novelables; y por otra, hay argumentos relatables y relatados como en una aburridora conversación telefónica. En el primer caso falta relatoría. En el segundo sobra palabrería.

Lo novelable en este trabajo lo encuentro como motivo uniargumental de fondo: la equivocación vocacional. Lo relatable que da textura y corpulencia a la obra, es la parte de mayor recurrencia, y si se quiere, la información cultural que debe resultar novedosa para lectores del Viejo Mundo, donde surgieron los seminarios y las vocaciones que se han ido adaptando históricamente a realidades culturales al otro lado del océano, en este nuevo mundo, donde los pecados se practican con nuevas razones y de un modo más exótico que no encajan con las penitencias consabidas como tradicionales de viejo cuño. Un ejemplo no corregido por el sacerdote en una confesión de primera comunión, es de haber vito orinar a una mujer en bacinilla, y de perdonar la culpabilidad con el rezo de 3 avemarías. Dato del realismo literario; y de lo real maravilloso de la religión cristiana.

No solo en el sacerdocio funciona aquello de desorientación vocacional que tiene nuestra juventud. Nuestras conductas afectivas, producto del encuentro de culturas, son totalmente más “tropicales” a las que experimentan los habitantes de los climas fríos o con estaciones marcadas.  Melchor Rodríguez insiste en que el “deseo” es más fuerte que la abstinencia; o  que el amor encubierto desafía el escándalo, la legalidad y el mundo racional que reclama la moral pública, una moral que, parece ser que no nos pertenece, por no obedecer del todo a la cultura occidental. 

La relatoría de vivencias del protagonista muestra una velada alusión a la libertad instintiva de los entornos, sobre todo tropicales, donde los pudores apenas son encubiertos como tolerancias pasajeras. La promiscuidad ligada a los estratos sociales depauperados es una constante para abonar un terreno pecaminoso. Dormir toda una familia en un solo dormitorio, hace que se desdibujen los pecados vistos, oídos o experimentados como develaciones de la cotidianidad. ¿Cuál es el límite entre la vocación y el deseo? Deja al lector frente a lo que se llama  en literatura obra de final abierto, para que sea el lector quien ponga su conclusión. (O)

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