El niño: ¿Desastre, aprehensión o transición al futuro?

Columnistas, Opinión



Hay momentos en los que una sociedad debe decidir: o espera a que ocurra el desastre, o utiliza las señales de advertencia para cambiar su destino. 

Ecuador se encuentra ante uno de esos momentos.

El Niño, no es solamente una amenaza climática. Puede traer lluvias intensas, inundaciones, crecidas de ríos y esteros, deslizamientos y pérdidas productivas. Pero la magnitud de sus impactos depende también de las condiciones de cada territorio y, sobre todo, de cuánto hayamos hecho -o dejado de hacer- para reducir el riesgo.

Un desastre comienza mucho antes de que el agua invada una vivienda. Comienza cuando conocemos de un riesgo y no actuamos.

Una quebrada obstruida por basura no es culpa de El Niño. Tampoco lo son una alcantarilla que no fue limpiada oportunamente, una carretera sin mantenimiento, un talud sin estabilización, un puente sin inspección o una comunidad sin rutas de evacuación. 

La naturaleza puede desencadenar el fenómeno; nuestras decisiones pueden convertirlo en desastre.

Por eso, la palabra aprehensión -en este momento- adquiere un significado especial: comprender, asumir, aprender. Ya que no se trata de negar la preocupación, sino de convertirla en acción.

El peor escenario sería reducir una alerta roja a titulares alarmantes, cadenas de WhatsApp y fotografías de inundaciones, sin que los ciudadanos puedan responder preguntas elementales como: ¿estoy en una zona de riesgo?, ¿cuál es mi ruta de evacuación?, ¿dónde está el sitio seguro más cercano?, ¿qué ha hecho mi municipio?, ¿qué está pendiente?

Se han anunciado acciones preventivas y recursos importantes para enfrentar eventuales emergencias. Eso es necesario. Pero el país no puede conformarse con conocer cuánto dinero se anuncia. Debe saber dónde se invertirá, cuándo, quién será responsable y cómo se verificará el resultado.

Porque la transparencia, también es prevención. Los gobiernos: nacional y locales, deberían poner a disposición de la ciudadanía información sencilla sobre sus planes, obras, presupuestos y avances. La plataforma oficial “Alístate Ecuador” puede y debe convertirse en mucho más que una página informativa: debe ser un instrumento permanente de conocimiento y control ciudadano.
Pero, amén de que es más cómodo, sería injusto exigirlo todo al Estado.

La prevención también empieza en cada hogar. No podemos reclamar que el municipio limpie todas las alcantarillas mientras arrojamos basura en las calles; exigir alertas tempranas mientras ignoramos las recomendaciones oficiales; o esperar una evacuación ordenada sin haber preguntado previamente cuál es nuestra ruta y nuestro lugar seguro.

El desafío consiste en cambiar de actitud. Pasar del auxilio a la prevención, de la emergencia a la planificación, del anuncio a la ejecución y de la infraestructura vulnerable a la resiliente.

El Niño, paradójicamente, podría convertirse en una oportunidad para construir un Ecuador mejor preparado. Un país donde la planificación urbana respete los mapas de riesgo; donde se recuperen quebradas y cauces; donde las escuelas enseñen gestión del riesgo; donde los agricultores reciban información climática útil; donde las instituciones compartan información y los presupuestos públicos entiendan la prevención como inversión y no como gasto.

Cada inundación debería dejar una lección, no solamente una fotografía. Cada deslizamiento debería producir una corrección. Cada emergencia debería generar una mejora permanente. (O)

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