Padres que trabajan y cuidan

Por lo general, muchos de nuestros padres fueron hombres serios, laboriosos y distantes, poco proclives a dar muestras de afecto o cariño. Antes, en la mayoría de las familias era usual que el padre trabajara y llevara el sustento al hogar, mientras la madre se encargaba principalmente de criar a los hijos y realizar las tareas del hogar. Esta forma de organizar la familia también construyó la imagen que muchos tenemos de nuestros padres y abuelos como figuras de autoridad y responsables de que nada faltara en casa.
Sin embargo, los cambios en la economía y, principalmente, la incorporación de las mujeres al mercado laboral han modificado los roles tradicionales y actualmente lo más común es que padre y madre trabajen y aporten a los ingresos familiares. Pero cuando ambos salen a trabajar, alguien todavía tiene que preparar los alimentos, limpiar la casa, llevar a los niños a la escuela, bañarlos, acompañarlos al médico o cuidarlos cuando están enfermos.
Todas estas actividades forman parte de lo que se conoce como economía de los cuidados. Son trabajos que hacemos diariamente dentro del hogar sin recibir un salario, pero que tienen un enorme valor económico. Según el INEC, en 2023 el trabajo no remunerado realizado en los hogares ecuatorianos tuvo un valor superior a los 24.000 millones de dólares, equivalente a cerca de una quinta parte del PIB nacional.
La mayor parte de este trabajo todavía recae sobre las mujeres. De cada 100 horas destinadas a estas actividades, aproximadamente 75 son realizadas por ellas. Sin embargo, esta realidad empieza lentamente a cambiar. Un estudio publicado en la revista Ecuador Debate, de la investigadora Nora Fernández, muestra que mientras mayor es el nivel educativo, mayor es la participación de los hombres en las tareas del hogar. Entre las personas con menor instrucción, los hombres realizan apenas el 18,8 % del trabajo no remunerado; entre quienes tienen posgrado, su participación aumenta al 32,3 %.
Aunque todavía estamos lejos de compartir estas responsabilidades por igual, los padres comenzamos a participar más en actividades que antes recaían casi exclusivamente sobre las madres. Esto ha cambiado profundamente el rol paternal que los hombres ejercemos y nos permite construir una relación más profunda, cercana y valiosa con nuestros hijos. Una relación que forja vínculos de amor y cuidado que perduran.
Compartir los cuidados del hogar y estar más presentes en la crianza de nuestros hijos es algo positivo que rompe con los roles de género tradicionales que se nos han impuesto. Ser profesionales, padres y, a la vez, cuidadores nos permite ejercer la ternura y el cuidado, y establecer vínculos de amor y cariño con nuestros hijos que antes parecían reservados casi exclusivamente a las madres. (O)
