Regresar a clases

En mi época, agosto solía ser el mes de vacaciones. Hoy los tiempos han cambiado y los calendarios se ajustan a las nuevas tendencias, el fin de semana pasado en la Av. Cevallos los almacenes vendían zapatos, mochilas, útiles, uniformes, libros para el primer día de clase. Sin embargo, esta historia no es la misma para miles de familias cuyos niños y adolescentes en el campo muchos no volverán a las aulas.
Septiembre el mes que recibe a los alumnos, quienes en el primer caso irán con la emoción del uniforme y los cuadernos nuevos a emprender la marcha del año escolar, y los otros, con la ilusión de seguir su carrera con la esperanza de que un día alcanzarán una profesión. En los tiempos de nuestra generación, surgían sentimientos encontrados por un lado la alegría de volver a vernos con las amistades entrañables, pero, por otro, se terminaba el tiempo de ocio, de descanso, de paseos con la familia, viajes a la playa, de idas al campo y tantas actividades que, el tiempo se hacía corto, para completar lo planificado. En estas dos últimas generaciones, el mundo cambió considerablemente, como una película de ciencia ficción. Los temas que de momento apremian a los padres, comenzando por el económico, distan mucho de los que vivieron los nuestros, aspectos como el bullying escolar, la seguridad de los chicos, en esa época íbamos solos a la escuela, al colegio y no pasaba nada, hoy los padres están apostados en las puertas de los establecimientos por la inseguridad, las relaciones entre maestros y alumnos, era de mucho respeto, la reducción del nivel de educación, que por más que se diga que hoy tienen otras herramientas, es radicalmente diferente. Hoy mismo recordaba, en nuestro bachillerato en el ciclo diversificado, teníamos doce materias y con maestros estrictísimos.
Pobre del que ocasionara un desorden en la clase, inmediatamente se la ponía frente de la inspectoría principal, que prácticamente era la réplica de un juzgado. No existía la posibilidad de contar a los padres, porque ellos con los maestros tenían una especie de convenio infranqueable y los perdedores claro, como siempre, los alumnos. Seguramente por eso será que nuestras promociones en todos los colegios de Ambato hasta la década de 1985, fueron para agradecer a los profesores porque de ellos aprendimos la ciencia, la educación y la disciplina. (O)
