Lecciones prestadas

Imagine a un cavernícola acercándose curioso a un tigre Dientes de sable. A lo lejos le parece una extraña pero simpática criatura, por lo que camina resuelto con la intención de tocarlo. El resto de sus compañeros lo miran de lejos.
Cuando aún les separa varios metros, el tigre se incorpora más confundido que hambriento por la exquisita presa que sin esfuerzo viene hacia él. En un segundo el animal salta y todo termina.
Los otros cavernícolas, que aterrorizados lo vieron todo, no necesitaron repetir la escena. No fue preciso que cada uno intente nuevamente caminar hacia el tigre para comprobar si era o no peligroso. Con haberlo visto una sola vez, todos entendieron una lección valiosísima para sus vidas: “eso mata, no te acerques”.
Ese momento tan concreto revela una de las capacidades más subestimadas que tenemos como especie: la capacidad de aprender del dolor ajeno sin tener que pasar por él.
Y sí, es cierto que nada te enseña como la propia experiencia vivida: el dolor, el fracaso, la vergüenza dejan una huella que ninguna anécdota ajena puede igualar, pero convertir eso en la única vía de aprendizaje podría ser un error muy costoso.
A lo largo de los siglos y milenios, lo que nos ha permitido avanzar como especie no ha sido solamente la experiencia directa, sino, sobre todo, el aprendizaje de los errores que se transmiten de generación en generación. El cavernícola que vio morir a su compañero en las fauces del tigre guardó para sí y para su descendencia una lección prestada que desde entonces ha salvado incontables vidas.
Por eso, si son errores lo que más cometemos los seres humanos, deberían ser entonces infinidad de lecciones prestadas las que hemos de aprender. Pero, en muchos casos, no es así.
Una de las lecciones prestadas que hasta el día de hoy no aprendemos o (no queremos aprender) y que con necedad nos empecinamos en repetirla una y otra vez es la de otorgarle poder a políticos corruptos ligados al crimen organizado que continúan engañándonos y riéndosenos en la cara.
Dicho de otra forma: Ya hemos visto que el socialismo solo trae hambre, destrucción y muerte. Hemos visto que muchos de esos políticos corruptos son parte de él. Hemos visto también países hundirse en las ruinas bajo el liderazgo de esos políticos de izquierda. Y hemos visto cómo la gente literalmente se muere de hambre y de desesperanza en esos países.
En conclusión, tenemos frente a nuestros ojos todas estas duras lecciones prestadas listas para solo mirarlas, aprender de ellas y huir sin que nos causen daño; sin embargo, decidimos que no son suficiente; terca y torpemente pensamos que es necesario experimentarlas en carne propia y que siempre vendrá bien sentir el aliento de la bestia en la cara para, en el momento menos pensado, morir en sus garras de un zarpazo. (O)
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