El camino del guerrero

Columnistas, Opinión

Luego de haber recorrido por 8 hábitos de los japoneses, será saludable culminar de forma estelar poniendo la cereza del pastel en este tesoro de conocimiento oriental que deberíamos replicar al código milenario llamado Bushido (武士道). Estos códigos y hábitos que nuestra mentalidad debería estar influenciada con este conocimiento y aprendizaje con el fin de tener bienestar y un completo equilibrio biológico, mental y colectivo. 

El Bushido (武士道), literalmente «El camino del guerrero», no es una disciplina de combate, sino una verdadera arquitectura del alma que nos enseña que el verdadero enemigo nunca es el rival externo, sino la dispersión, el ego y el miedo interior. Su principio supremo es dominar el yo antes de pretender dominar el entorno.

En una época moderna hiperconectada, frenética y dispersa, las siete virtudes que tiene el Bushido actuarían como un ancla para no perder nuestro rumbo y nuestro propósito y sentido de vida. La primera es Gi ()rectitud, hacer lo correcto simplemente porque es lo correcto en este mundo guiado por la conveniencia y la validación rápida, la rectitud sería nuestra brújula moral innegociable. Porque la justicia bien entendida, empieza por uno mismo. El segundo Yu ()valor heroico, el coraje no es la ausencia de miedo, sino la capacidad de actuar a pesar de la ansiedad, tomando decisiones difíciles frente al caos cotidiano. La tercera Jin ()compasión, y si logramos acumular poder, conocimiento o estatus que sea para poner al servicio, protección de los demás y no para obtener poder abusivo y explotador sobre los débiles. La fortaleza sin comprender ni compartir los sentimientos y perspectivas de los demás es mera crueldad. La cuarta Rei () respeto, moverse por la vida con cortesía y buenos modales evitando que el estrés transforme la prisa diaria en agresividad hacia los demás. Representa el agradecimiento, la reverencia, los modales. Porque se dice que el que pierde las formas, pierde la razón. La quinta Makoto () sinceridad y honestidad absoluta, que cuando hablemos nuestras palabras y nuestras acciones se vuelvan una sola cosa y que sean cargadas de buena fe. En la cultura de las promesas vacías, la coherencia es un superpoder. La sexta y muy importante Meiyo (名誉)honor que nuestra conciencia sea nuestro único juez. El honor moderno significa actuar con dignidad, aunque nadie nos esté mirando y ser digno de la gloria y su buen nombre evitando los actos vergonzosos o miserables. Perder con honor es más que ganar haciendo trampa. La séptima y última virtud es Chūgi (忠義) lealtad, mantener la fidelidad a nuestros principios, a nuestros propósitos y a las personas que confían en nosotros, resistiendo la tentación de abandonar al primer obstáculo.

En definitiva, nos enseña que el verdadero poder debe ir acompañado de compasión, respeto y una integridad inquebrantable. Nos demuestra que el mayor logro de una persona radica en el dominio de sí misma, priorizando siempre el honor y el deber por encima del beneficio personal. (O)

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