Arte urbano recupera cultura

Ciudad

El sector de Miraflores, en Ambato, experimentó una profunda transformación visual y cultural gracias a la realización de la quinta edición del festival independiente «Hard Line Sessions Vol. 5». Esta iniciativa, que se desarrolló durante el pasado sábado, tiene como objetivo principal la recuperación de los espacios públicos que se encuentran en estado de abandono o deterioro por la falta de mantenimiento.

El evento congregó a un total de 160 artistas urbanos, entre creadores emergentes, figuras consagradas y auténticos maestros del grafiti. Aunque la mayoría de los participantes provinieron de distintas provincias de Ecuador, la cita contó con una destacada presencia internacional de entre siete y ocho creadores procedentes de países vecinos como Perú, Colombia y Venezuela.

La temática central de esta edición estuvo enfocada de manera exclusiva en el rescate de la cosmovisión andina y el valor cultural de las creencias ancestrales. Según los organizadores, la propuesta buscó contrarrestar la tendencia de otros eventos similares que priorizan las corrientes extranjeras, devolviendo el protagonismo a la identidad de la sierra ecuatoriana.

Para la ejecución de los murales, los artistas emplearon diversas técnicas y herramientas que abarcan desde el uso de aerosol y látex satinado hasta el aerógrafo. El festival logró integrar múltiples ramas del arte urbano, tales como el muralismo, el street art, el paste up y el stencil, consolidando una producción diversa y de alto nivel técnico.

La propuesta visual se caracterizó por una paleta cromática donde predominaron los tonos verdes y los marrones terrosos. Las letras o lettering incorporaron rellenos en tonalidades tradicionales como el rojo, azul, amarillo, dorado, ocre y naranja, configurando una secuencia ordenada entre piezas tipográficas y elementos gráficos para asegurar la claridad del mensaje.

Las obras plasmaron de forma explícita la iconografía andina a través de personajes tradicionales como la Diablada, retratos de habitantes nativos de la región y símbolos ancestrales como las chacanas y jeroglíficos. De este modo, la jornada no solo renovó el entorno urbano, sino que se convirtió en un verdadero homenaje a la memoria y raíces culturales locales. (I)

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