El chocolate ambateño

¿Con qué palabra conocerían las etnias ecuatorianas, costeñas, orientales y andinas al cacao y su derivado el “chocolate”? Dado que aquí también se producía dicha planta y se elaboraba productos. La designación nativa viene de las lenguas nahualt de los aztecas. Ellos lo pronunciaban algo así como aguacatl (aguacate), tomatl (tomate), chocolatl (chocolate). El léxico vino con los colonizadores hispanos que primero se asentaron en América Central.
Uno de los testimonios más antiguos corresponde al año 1627 en que Fray Pedro Simón escribió sus Noticias Historiales. Aquí se lee: “Cacao, son unos granos al modo de las médulas de las bellotas, que nacen dentro de unas mazorcas grandes, que cada una tiene treinta y más granos; hacen de ellos tostados y molidos, y con especias, es la bebida común que llaman chocolate” (Fray Pedro Simón, Vocabulario de americanismos, Bogotá, 1986, p. 58)
Otra bebida del cacao es el cacahuatl. Como curiosidad que la tomo en cambio del Diccionario de Corominas, se explica que vendría de choco-atl que significa agua que gime. También se refiere a que la bebida la preparaban los aztecas mezclando, por mitades, el cacao con las semillas de ceiba.
En nuestro medio, se usaba un utensilio especial, de bronce, que se llamaba chocolatera, que tenía una base barrigona y un cuello alto, y se completaba con dos o un asidero o manija lateral. Para hacer chocolate era indispensable un molinillo de madera, no como los de ahora que tienen aletas verticales en una cabeza, sino unas rodelas con una suelta que giraba en reversa para mejorar su condición diluyente de quien la batía las tabletas del cacao, que era preparado en hojas de aliso y sobre todo, en hojas de atsera / achira.
Seguro que los pueblos andinos sabían elaborar bebidas del cacao transformado en tablillas de chocolate. La colonia que trajo a gente proveniente de Centroamérica, implantó con palabra y todo, la tradición de hacer tabletas y de desayunar, o beber a media tarde con ese preparado.
La tradición artesanal en Tungurahua, estaba diseminada en población que recibía cacao de la época de los arrieros que comerciaban entre la sierra y la costa. Noticias de su mayor auge y de establecimiento de comercialización artesanal de las tablillas de chocolate, tenemos en la zona de Huachi Chico, que era parroquia rural colindante con la ciudad de Ambato. Esto se intensificó con la llegada del tren en los inicios del siglo XX.
El chocolate ambateño cobró fama nacional, asociado al pan de Ambato. Hay que destacar dos cosas en el chocolate nuestro: La preparación de las tablillas en molino manual a buena velocidad del moledor que recogía el molido en las correspondientes hojas; y la preparación de la bebida que también tiene recetas particulares, como hacer chocolate para dietas de mujeres que habían tenido un hijo, y que se hacían “chocolate en leche, con huevos batidos” sin huella de grumos, endulzados con panela.
El chocolate fue antaño una bebida de la aristocracia llevada a ritual de buenos anfitriones. Un buen chapo con harina de cebada (máchica) dan la frase mestiza de buen gusto de ser “hecho chapo en chocolate”.
Simboliza la bebida de integración étnica y del trópico con lo andino.
La producción y exportación del cacao en la costa ecuatoriana dio origen a una frase emblemática de ser “un gran cacao”, que se refiere a los adinerados de gran poder económico. El término se acuñó desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX, favorecidos por la exportación de la “pepa de oro”. (O)
