Limpieza cerebral vital

Columnistas, Opinión

Si creemos que el sueño es tan solo un simple fenómeno aislado, un artificio intrascendente que “se nos va”, “se nos corta”, “no nos viene”, “se nos ha perdido” o que “perdemos valioso tiempo que podemos producir” tendremos consecuencias graves: fatiga crónica, disminución de la capacidad cognitiva (atención, memoria, alerta), con aumento del riesgo de accidentes y problemas cardiovasculares, digestivos, metabólicos y de nuestras defensas. Creemos que con tomar una pastilla está solucionado el problema. Algunos creerán que esto es exagerado, que se puede dormir en cualquier condición. Esas mismas personas se quejan de cansancio crónico, falta de concentración, con enfermedades crónicas digestivas, del sistema nervioso o de las defensas y con un envejecimiento más acelerado que su edad cronológica. La verdad es que tal vez puedan dormir en cualquier condición, pero no pueden dormir óptimamente y, en un mundo donde todos buscamos ventajas competitivas, donde cada porcentaje de mejora cuenta, ¿Por qué conformarse con sobrevivir cuando se puede vivir mejor?

En semanas anteriores hemos escrudiñado a este maravilloso proceso del sueño. Este complejo funcionamiento biológico activo, indispensable y sumamente complejo para nuestra supervivencia y la salud física y mental. 

Nuestro cerebro necesita enfriarse literalmente para entrar en las fases profundas del sueño donde ocurre la verdadera magia de la reprogramación. La temperatura corporal central debe descender aproximadamente 1 grado centrado para que nuestro sistema nervioso interprete que es momento de iniciar los procesos de reparación profunda. La temperatura ideal del dormitorio debería estar entre 16 y 19ºC. Al tomar una ducha tibia, no caliente, exactamente 90 minutos antes de acostarnos, salimos de la ducha y nuestro cuerpo inicia un proceso de enfriamiento natural que coincidirá perfectamente con nuestra hora de dormir reduciendo el tiempo que tardamos en dormirte hasta en 10 minutos y aumentando la calidad de nuestro sueño profundo en un 15%.

A considerar también es que nuestro dormitorio no es solo un cuarto donde dormimos, es un “laboratorio de optimización cerebral”. Dos cosas que subestimamos tremendamente son la luz y el sonido. Nuestra piel tiene fotorreceptores incluso con los ojos cerrados, y en sueño profundo. Si hay luz en nuestra habitación, nuestra piel la detecta y envía señales a nuestro cerebro que interrumpen la producción de melatonina saboteando así nuestro sagrado sueño. El ruido ambiental no necesita despertarnos completamente para interrumpir nuestro sueño. Ruidos tan bajos como 40 decibeles, equivalente a una conversación susurrada, pueden sacarnos de las fases profundas del sueño sin que siquiera lo recordemos a la mañana siguiente. Cortinas blackout, ventanas de doble acristalamiento, tapones para los oídos, música relajante programada servirán. Gran parte de la solución depende de nuestro entorno. Continuaremos aprendiendo hábitos que nos harán respetar al venerable, intocable e inviolable proceso de limpieza, reorganización y restauración cerebral llamado sencilla, fácil y elementalmente sueño. (O)

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