El  “eco” que la vida nos depara

Columnistas, Opinión

Creo que para todos es conocida la historia en la que el hijo con el padre al caminar por una montaña, se pierden y, el chico empieza a gritar con desesperación, auxilio y,  escucha una voz que le dice “auxilio”, luego entona, quién está allí? y de nuevo escucha un murmullo que replica “quién está allí”, así sucesivamente todo lo que él decía, la montaña le contestaba exactamente lo mismo, hasta que cansado de esta conversación le grita, te odio y , la montaña le contestó igual.

Hago esta reflexión por todas las cosas que he aprendido y sigo conociendo de la vida, veo personas que interponen sus intereses y no aplican el “ganar-ganar” creyendo que son unos “vivarachos” o pensando talvez en el engaño que hicieron a la otra persona, al vender un producto que no cuesta el valor en el que lo negoció o que no cumplía con las garantías correspondientes.

Talvez con ese cliente, logró el negocio engañando, con la rentabilidad deseada, pero vendrán otros compradores que le harán exactamente lo mismo y hasta lo cobrarán con intereses; el auto si bien es usado, no tiene choques me decía un comerciante, el motor está recién reparado, si desee le muestro las facturas continuaba, pero todo era mentira, fue un engaño, en un principio indicó que “el no sabía” que así lo vendieron, pero después nos dimos cuenta que ese engaño lo aplicaba a todos sus clientes.

Resultado de ese mal accionar, el eco de la vida le devolvió con creces la pérdida económica de un par de vehículos, con una trasfondo de reputación mal ganada, corrillos en pasillos de que no se debe hacer negociaciones con esa persona, y por supuesto baja credibilidad.

En nuestra historia inicial, el padre encontró a su hijo y empezó a gritar a la montaña, te admiro, y la montaña le dijo “te admiro”,  luego eres un campeón, felicidad, éxitos, sonrisas y siempre la naturaleza le repetía igual, al final nos dimos cuenta que el ECO regresa donde usted,  dependiendo las acciones que haya realizado con buena o mala  fé.

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